viernes, 20 de marzo de 2009

Eva María más allá de su pasado

[Yoni]
En su último post el siempre picante Dr. Monique publica dos supuestas confidencias de las ex-vedettes Maribel Velarde y Eva María Abad. Claro que no dice que sean ellas mismas pero cualquiera que lea lo escrito se da cuenta de la intención. Habla la primera (la supuesta Maribel) de lo mucho que lamenta el estado en que su amiga Eva María terminó luego de la difusión de aquel famoso cromwellvideo, hasta el punto de acabar en un centro de rehabilitación por su adicción a la cocaína. Más abajo recuerda (la supuesta Eva María) su pasado y sus "cachuelos" en las Suites de Barranco, su encuentro con Cromwell Gálvez (que su amiga Maribel le presentó) y el "maldito video" que significó su caída. Una vida arruinada por la prensa que la vapuleó, por los que la miraban y sólo veían a una cualquiera...

La tratamos mal, no cabe duda... Y uso el plural de la primera persona pues lo hicimos todos como sociedad. ¡Y para tan gran primicia todavía! Ya desde mucho antes de aquel controversial reportaje con cámara oculta y escenas XXX incluidas que Magaly Medina difundiera hace ya casi diez años, el de las Prostivedetes, ya se sabía de qué iba ese mundillo de plumas y lentejuelas: lleno de sexo, sudando sexo, alimentándose de la noche no precisamente virgen y de un ejército de jovencitas con el solo capital de sus cuerpos y dispuestas a todo. Pero aún así, Eva María Abad (como Yesabella y Mónica Adaro antes de ella, pero mejor paradas ellas) fue nuestra pecadora que no tuvo a un Jesús que recriminara a la turba con su famoso: "El que esté libre de culpa, que tire la primera piedra". Y la apedreamos... ¿qué derecho teníamos?

Recuerdo una frase suya: "Cada quien hace de su poto un carnaval". Fue en una entrevista con César Hildebrandt, y lo más sincero que dijo. Quizás se le pasó la mano, pero con todo es una verdad. Ya hace mucho que decidí que la única moral que me es válida es aquella que se sustenta en el principio de que tu libertad y tu derecho terminan donde empieza el de los demás. Y una mujer que alquila su cuerpo (no su alma, como algun@s prostitut@s de la política) en sentido estricto no coarta la libertad ni el derecho ajeno. O acaso alguna te ha puesto un cuchillo para que estés con ella. Están las peperas y las bolsiqueadoras y las que en complicidad con delincuentes te atraen para robarte, pero eso es algo ajeno al mismo hecho de ofrecer sus servicios. Y sin embargo si no se les mira como pecadoras se les criminaliza. ¿No puede una mujer pasar por algo así sin que sea señalada por el cruel estigma? Al parecer no, no faltan los (y las) que señalen con el dedo acusador y digan aquella palabra en muchos tonos; ésa, la que empieza con P.
Hacer un diagnóstico de lo que lleva a una mujer a prostituirse es un tema largo: está la miseria, está la infravaloración de sí misma, está el deseo de ganar un dinero "fácil", está la simple urgencia de satisfacer un vicio que lleva a muchas de ellas a una espiral infernal. Incluso hay ese fenómeno de jóvenes que usan de fungir como escorts para financiarse los estudios. Pero este es más un fenómeno de nuestra posmodernidad.
Y sobretodo (sobretodo) están los que se benefician en la mayoría de los casos con el comercio de esas mujeres, de esas adolescentes, de esa niñas: los vividores, los cafichos, los autoridades corruptas que se hacen de la vista gorda de los peores casos de tráfico humano. Y están aquellos clientes que las "usan" en el más básico sentido del término, sin siquiera una mínima consideración que se les debe por el hecho de ser personas, pues lo son. Aquellos son los que golpean, vejan, humillan e incluso siembran de cadáveres su misógina sed de cópula egoísta.
Eva María Abad fue prostituta ¿y qué? En una sociedad como la nuestra (¿acaso hay alguna que en Occidente actúe diferente?) nos falta la humanidad que los evangelios proclaman y que es triste que los que no somos cristianos debamos de citar para llamar la atención. La señorita Abad, que dicho sea de paso era una de mis vedettes favoritas aquellos años, merece rehacer su vida como todos los que salen lastimados por sus malas decisiones.

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