miércoles, 15 de julio de 2009

Busco gato

[Yoni]

Michi michi michi.

Así igualito era.

Hay algo en los gatos que me fascina. Será su independencia, su astucia, su penetrante mirada, su panudez… Me pregunto si acaso piensan que ellos son los amos y nosotros sus siervos. Son unos grandes manipuladores y unos convenidos y unos cínicos sin remordimiento. Y también unas linduras. ¿Es que será que los admiro tanto por que acaso me gustaría ser como ellos y vivir mi vida a mi manera? En cambio, a la mitad y algo más de mis amigos y conocidos, los gatos les resultan indiferentes, hasta odiosos. Quizás por lo mismo que me fascinan a mí.

Yo no he tenido buena suerte cuando he criado gatos. Desde niño he tenido varios, mas ninguno ha vivido mucho tiempo. Y lo que es peor, ninguno ha tenido una muerte tranquila. Recuerdo sobretodo un par que tuve cuando estudiaba en primaria: uno, un gato corriente gris con blanco, lo hicieron matar mis padres con un hombre de la calle aprovechando que yo estaba en cama enfermo; se había vuelto ratero y les había hecho discutir con los vecinos, y por ello merecía morir. A mí no se me pasó el enojo por varias semanas. Luego, tuve un gato “romano”, como por aquí llamamos a los gatos colorados de rayas como de tigre, más o menos como Garfield. Este estaba bien, pero le gustaba fastidiar mucho en la cocina, y un día mi prima lo botó a patadas y le cerró la puerta en la cola. El pobre dejó un pedazo de pellejo; cuando andaba parecía un escorpión con el hueso de la punta expuesto. Acabó cayéndosele esa parte unos días después y pasadas unas semanas el gato desapareció, y aunque sospechamos de un vecino nuestro nunca pudimos probar nada.

También recuerdo mis dos últimos gatos. La penúltima, una gata que murió de amor. Sucede que pusimos bocados envenenados para los gatos vagos que venían a fastidiar; nuestra gata escapó de la cocina por una ventana rota y por encontrarse con sus enamorados comió de uno de estos bocados y apareció muerta en el patio. Luego, último tuve un siamés, un precioso gato del que todos se enamoraban porque era una monada, mas un día salió en un descuido por la puerta de la calle embalado y un auto lo atropelló ante mis ojos.

Ya no sé si quiero gato, me da pena que vuelvan a morirse así. Quizás si fuera negro entero… pues de donde vengo un gato negro es de buena suerte. Ahora, el único micho que me acompaña es el gato virtual de mi MS Office y mi gadget de Chi en este blog.

¿Y a tí te gustan los gatos? ¿Tienes alguno para mí?

La Yapa:

2 comentarios:

Gato Techero dijo...

A mi tambien me gustan los gatos y aunque por estos días no hay uno en mi casa se dejan extrañar.
Ojala que encuentres uno que te guste!!

César Flores Huallpa dijo...

Gatos hay, pero he decidido que quiero uno negro sí o sí. Quizás de es manera me aguante algo más. ^_^

Gracias por comentar y qué bueno que ya se te pasó la gripe. Haya sido o no la AH1N1 igual hay que cuidarse.

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