viernes, 10 de julio de 2009

Mala suerte, buena suerte

[Yoni]

La vida es bella, dicen y es verdad; pero bella no es lo mismo que fácil.

Hay un cuento antiguo, una de esas historias tradicionales que encierran grandes verdades, y que ahora en esta mañana fría se me viene a la mente. Podría encontrar tal vez una versión literaria de ella y copiarla, pero prefiero relatarla tal como la recuerdo:

En una choza en el campo vivían un joven y su anciano padre. Un día, el hijo llega muy afligido del campo donde su padre y le dice: “Padre, tenemos mala suerte; nuestra yegua se ha perdido”. El padre le contesta, encogiéndose de hombros: “Hijo, no te apresures. Sólo el tiempo dirá si fue mala suerte o buena suerte”. Al día siguiente vuelve el hijo del campo pero esta vez muy contento, y le cuenta a su padre: “Padre, tenemos buena suerte; la yegua que se nos perdió ha vuelto y un hermoso caballo la ha seguido”. El padre le contesta, nuevamente encogiéndose de hombros: “Hijo, no te apresures. Sólo el tiempo dirá si fue mala suerte o buena suerte”. Al día siguiente, el hijo trata de montar el nuevo caballo y éste lo tira al suelo rompiéndole la pierna. Cuando llega a su choza en camilla, adolorido y con la pierna enyesada le dice a su padre: “Padre, tenemos mala suerte; el caballo nuevo me ha roto la pierna”. El padre le contesta, encogiéndose de hombros mientras lo acuesta en la cama: “Hijo, no te apresures. Sólo el tiempo dirá si fue mala suerte o buena suerte”. Al día siguiente, los funcionarios del gobierno llegan al valle reclutando jóvenes para ir a la guerra, pero al ver al hijo del anciano en cama y con la pierna inutilizada, lo dejan tranquilo. Entonces el hijo se queda pensando y le dice a su padre: "Padre, de verdad eres sabio. Si la yegua no se hubiera perdido, no hubiera llegado con el nuevo caballo. Si el nuevo caballo no hubiera llegado, yo no hubiera tratado de montarlo ni me hubiera roto la pierna. Y si no me hubiera roto la pierna, ahora estaría yendo a morir a la guerra. ¡Qué buena suerte hemos tenido!” El padre, condescendiente, lo mira, sonríe y le contesta: “Hijo, sigues apresurándote. Sólo el tiempo dirá si fue mala suerte o buena suerte”.

La vida es compleja. Nunca sabemos con seguridad qué es de buena suerte y qué de mala suerte. Incluso talvez ni siquiera deberíamos usar esas palabras. No hay destino y las consecuencias de nuestros actos son inesperados. Acaso nuestras lágrimas de ahora son el preludio de una gran felicidad. Acaso la dicha de que gozamos por un tiempo sea el prólogo de un gran sufrimiento. ¡Qué importa! Tenemos un tiempo limitado. No vale la pena preocuparse de si siempre serás feliz o si no lo eres ahora. “Mirad los pájaros del campo”, dijo alguien alguna vez. Pero no, no es la cosa ser pasivo, sino mas bien aceptar que a todos nos llegará lo que tenga que llegarnos: la enfermedad, el gozo, el sufrimiento, la amistad, el día, la noche, la muerte, el amor. Sólo ten un buen día, y que valga.

La Yapa:

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Sabias palabras ....

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