viernes, 9 de octubre de 2009

Hechos y un postulado sobre el aborto

[Otros]

Esta es en mucho una opinión personal.

Empecemos por los hechos:

Es un hecho que aunque el aborto provocado (con la excepción tipificada en la ley) está penalizado por nuestro Código Penal, el número de abortos que se realizan clandestinamente por propia mano de la gestante, en tópicos, consultorios y clínicas privadas y hasta casas particulares (muchas veces publicitándose con el eufemismo de “tratamiento para el atraso menstrual”) se cuentan por miles (algunos calculan mil por día a nivel nacional).

También es un hecho que esta proliferación de centros de aborto clandestino es justamente a causa de su penalización, y que por su calidad de clandestinos muchas veces trabajan en malas condiciones, y en ocasiones con grave daño en la salud de la mujer que se lo practica, llegando a ser la tercera causa de muerte materna en el Perú; es cierto, si despenalizáramos el aborto provocado, la mortalidad materna sería reducida porque los abortos tendrían mayores garantías.

Un último hecho: una mujer tiene derecho a hacer con su cuerpo lo que le de la gana. Si quiere cercenar una parte de él, si quiere acabar con su vida, es su decisión.

Claro, visto así es razonable. ¿Por qué no permitir el aborto provocado si es deseo de la madre?

En el Congreso se está discutiendo una modificación de nuestra legislación sobre el aborto provocado; actualmente se permite el llamado “aborto terapéutico”, es decir cuando se aplica uno para salvar la vida de la madre; ahora la Comisión Revisora del Código Penal ha aprobado que se amplíe la despenalización a los casos de embarazos no deseados frutos de una violación (lo que llamaron anteriormente “aborto sentimental”); cuando el feto presenta taras físicas o psíquicas (que se podría definir como “aborto eugenésico”); y cuando se ha dado una inseminación artificial no consentida.

Sin embargo, ninguna de las causales de aborto en discusión ahora son las principales en el país. La gran mayoría de abortos tienen causas más mundanas, relacionadas con la falta de un adecuado control de la natalidad o bien simple torpeza o mala suerte. Una mujer decide abortar bien por que tiene varios hijos y económicamente no puede criar otro más; porque un hijo le impediría terminar un proyecto personal de estudios o económico; por el miedo al qué dirán; porque el padre la dejaría; porque el padre no es su esposo o es el esposo de otra mujer, etc.

OK, acepto que una mujer que es obligada a ser madre bien puede no ser una buena madre, y que el niño así tenido por obligación no tendría asegurado un ambiente adecuado para desarrollarse.

A propósito, unos números: Según el anuario estadístico 2008 del Ministerio Público, los casos registrados de aborto en las Fiscalías Provinciales de Lima sumarían 109, que representan el 0.20% de los 54,118 casos totales registrados el año pasado, distribuidos de la siguiente forma:

Aborto690.13%
Aborto (no consentido)150.03%
Aborto (autoaborto)100.02%
Aborto (consentido)60.01%
Aborto (preterintencional)40.01%
Aborto (causado por profesional)30.01%
Aborto consentido (seguido de muerte)20.00%
Total1090.20%

Una incidencia ínfima, la verdad. En sí porque, a despecho de los movimientos feministas, no hay una auténtica voluntad por judicializar el aborto. En realidad más que falta de voluntad, habría que llamarlo simple indiferencia. En última instancia, uno de los síntomas de una inadecuada política nacional de población, si es que la hay. Otra vez el abandono del Estado.

Es justamente esta desidia una de las principales causas de que las mujeres aborten. Con una adecuada difusión de la anticoncepción sin medias tintas (incluyendo la píldora del día siguiente), con el diseño de programas funcionales de apoyo a las madres adolescentes, a los menores dejados en abandono por sus madres, su destinación a hogares adecuados, etc., no tendríamos la incidencia de abortos que tenemos, tampoco de delincuencia.

El postulado:

Una persona tiene derecho a hacer con su vida y su cuerpo lo que quiera; eso es la libertad. Ahora bien, si eso es aplicable a una mujer, también lo es a su feto. Un embrión, un feto, no es un tumor, es una persona que está en desarrollo. Es el principio que defiendo, visto más desde un punto de vista liberal y laico que religioso. ¿No es la vida el primer derecho fundamental? A los que defienden el aborto sí o sí, a menudo no las oigo definir si el feto es o no una persona viva, o en todo caso desde cuándo adquiere esa calidad.

El aborto provocado no tiene para mí más justificación que no sea la de conservar otra vida en peligro (el aborto terapéutico) o bien poner fin a un embarazo inviable igualmente riesgoso (el aborto eugenésico). Son los únicos casos que acepto, por que implican ser la única salida a una situación de vida o muerte.

En cuanto a las demás, siempre hay opciones: El aborto sentimental (por violación), aparte de que es más común en la ficción que en la realidad que una violación termine en embarazo, se prevendría con el real apoyo del estado a la víctima, y la destinación del bebé que resulte bien a la madre o sino a un adecuado centro de crianza u hogar adoptivo. El otro en discusión, el que termina un embarazo no deseado a causa de una inseminación artificial no consentida, es todavía más atípico, pero también tendría la misma salida.

Del resto de casos de embarazos no deseados, en el supuesto negado que mañana se permitieran todos, eso no implica que se mejore sensiblemente la situación de las mujeres. El problema de nuevo es la inoperatividad de nuestra política nacional de población, que dejaría desprotegidas a las auténticas poblaciones de riesgo. Los principales beneficiarios serían, cuando no, los doctores y su clientela con un mínimo de poder adquisitivo. Para las mujeres pobres, el abortero informal y la receta casera seguirían siendo los métodos de aborto principales, a menos que los servicios de salud del Estado pongan todo de su parte para satisfacer la gran demanda que se vería venir.

Hay que ir contra las causas del aborto, este es un síntoma de un problema social sistémico; permitirlo libremente es sólo la solución más fácil, que oculta el real problema: mala educación, desentendimiento de la sociedad misma y el Estado, falta de planificación.

La mujer tiene todo el derecho de usar métodos anticonceptivos, sobretodo los más seguros: los hormonales y los quirúrgicos (yo me inclino por estos últimos para las parejas que teniendo hijos no desean más). Las parejas no tienen el derecho de decidir sobre el cuerpo de su mujer, y el Estado y la sociedad debe de asegurar ello. Dando todas las garantías a las mujeres sobre su poder de decisión sobre la concepción, entonces allí sí podríamos hacer cumplir algún tipo de sanción sobre los abortos provocados; no cárcel, pues eso no va contra el problema en sí, sino (y quizás esto escandalice) suspensión de los derechos reproductivos a través de la aplicación de métodos anticonceptivos obligatorios que lleguen hasta la ligadura de trompas en el caso de las mujeres, y vasectomía en el caso de los hombres.

Es una idea, sólo eso, pero es lo que creo.

La Yapa:

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