viernes, 12 de marzo de 2010

Inventario de Lugares Propicios al Amor, poema de Ángel González

[Op. Cit.]

Recorriendo la ciudad.

Inventario de Lugares Propicios al Amor

Son pocos.
La primavera está muy prestigiada, pero
es mejor el verano.
Y también esas grietas que el otoño
forma al interceder con los domingos
en algunas ciudades
ya de por sí amarillas como plátanos.
El invierno elimina muchos sitios:
quicios de puertas orientadas al norte,
orillas de los ríos,
bancos públicos.
Los contrafuertes exteriores
de las viejas iglesias
dejan a veces huecos
utilizables aunque caiga nieve.
Pero desengañémonos: las bajas
temperaturas y los vientos húmedos
lo dificultan todo.
Las ordenanzas, además, proscriben
la caricia ( con exenciones
para determinadas zonas epidérmicas
-sin interés alguno-
en niños, perros y otros animales)
y el «no tocar, peligro de ignominia»
puede leerse en miles de miradas.
¿Adónde huir, entonces?
Por todas partes ojos bizcos,
córneas torturadas,
implacables pupilas,
retinas reticentes,
vigilan, desconfían, amenazan.
Queda quizá el recurso de andar solo,
de vaciar el alma de ternura
y llenarla de hastío e indiferencia,
en este tiempo hostil, propicio al odio.

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Tiempo que no ponía uno de estos poemas amorosos clásicos. Ángel González, poeta español, nos brinda en estos versos una visión de los condicionamientos sociales que limitan la expresión del amor (o debería decir sexualidad). Sé que ya no es el caso de nuestra juventud reguetonera y desenfadada, pero es una realidad que nuestros mayores conocieron, y de la cual incluso varios de nosotros tuvimos atisbo. Será, pero queda igual Inventario de Lugares Propicios al Amor como un bello poema.

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