lunes, 10 de mayo de 2010

Leni Riefensthal: Las imágenes como credo

[F-Review]

Una de las madres del cine moderno, que elevó al panfleto visual a la categoría de arte.

La gran Leni

Helene Bertha Amalie Riefensthal, actriz, cineasta, fotógrafa y aventurera, nació el 22 de agosto de 1902 en Berlín. Su nombre forma parte de la historia del cine, pero también es símbolo de aquel oscuro periodo en que Hitler y sus ideas de supremacía aria dominaron la orgullosa Alemania. Era inevitable: mientras aquel otro gran monstruo del cine alemán, Fritz Lang, se expatriaba dejando a su mujer (la inefable Thea von Harbou) para no verse convertido en el cineasta oficial del régimen nazi, Leni se quedaba y daba al cine universal un puñado de cintas geniales como películas, aunque ideológicamente cuestionables. Sin embargo. los años pasaron, y lo que tienen de buen oficio cinematográfico, sus valores de producción, sus innovaciones y su gramática quedan y tendemos a olvidar las motivaciones con que fueron mandadas hacer.

Y es que el cine de la Leni Riefensthal de esa época estaba hecho para ser apreciado por las masas; era (es) un gran espectáculo, una colosal puesta en escena. Sus imágenes, apabullantes, grandilocuentes, épicas, llenan la pantalla. Ritmo, encuadre, la misma fotografía y musicalización nos hablan de una mujer que atendía cada detalle con gran profesionalismo; Leni era (no cabe duda) una perfeccionista, y para que lograra mandar su mensaje le fueron dadas todas las facilidades posibles. Hitler quería una imagen, y Leni se la daba. Aún hoy, a casi ochenta años de realizadas, sus tomas, sus secuencias, son citadas una y otra vez; todavía vemos esa época a través del ojo de su cámara.

La Luz Azul (Das Blaue Licht, 1932)

Luego de abandonar la danza por una carrera expectante como actriz a las órdenes de su mentor, Arnold Fanck, de quien aprendió a manejar la cámara y editar, llega esta su revelación como directora. En ella Leni interpreta a Justa, una joven que vive sola en lo alto de una montaña en cuya cumbre suele brillar una misteriosa luz azul. La gente del pueblo vecino, temerosos ante esa luz, rechazan a Junta tachándola de bruja. Sin embargo, un visitante (Vigo) no hace caso de tales supersticiones y se acerca a la muchacha, y esta, correspondiéndole, inicia con el forastero una historia de amor que se ve truncada cuando Vigo sin el consentimiento de Junta sube a la montaña y descubre el secreto de tan extraño resplandor.

Este atípico cuento de hadas, leyenda con gran dosis de simbolismo, es una poca conocida joya del cine fantástico de inicios del sonoro. Sin embargo es verdad que no logró cuajar del todo como película que hecha partido de la innovación. En sí se podría decir que son las imágenes y la capacidad de Leni de darles vida y potencia lo que le da su mayor valor cinematográfico. Con todo, fue aclamada en el primer Festival de Venecia de ese año, lo que llamó la atención de Hitler por tan prometedora realizadora, dando así inicio a la meteórica carrera de Leni al servicio de la propaganda nazi.

Años después, la propia Leni declaró que sentía que esta película tenía su algo de profético. Justa es amada y temida, y acaba perdiendo su fe. De la misma manera, Leni fue odiada y amada, y sus convicciones e ideales acabados después de la Guerra.


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La Trilogía de Nuremberg: La Victoria de la Fe (Sieg des Glaubens, 1933) / El Triunfo de la Voluntad (Triumph des Willens, 1934) / Día de Libertad: Nuestras Fuerzas Armadas (Freiheit der Tag: Unsere Wehrmacht, 1935)

Enrolada por el nuevo régimen nazi, Leni es comisionada para filmar las incidencias de los Congresos del Partido Nacionalsocialista de 1933, 1934 y 1935 de Nuremberg. Para ello se pone a su disposición gran cantidad de recursos, entre operadores, cámaras, un dirigible para tomas aéreas, reflectores y la total colaboración del gobierno. El resultado: tres películas documentales que celebraban la masa, y exaltan los sentimientos patrióticos que formaban parte del discurso nazi, de una manera soberbia. La primera y la segunda dedicadas al congreso en sí, las concentraciones y las intervenciones de los líderes del nacionalsocialismo; y la última, a manera de un cortometraje, a las fuerzas armadas (la Wehrmacht).

Aun siendo El Triunfo de la Voluntad la mejor y más conocida, las otras dos son apreciables. En la primera (La Victoria de la Fe) vemos a una Leni que está poniendo a punto su habilidad para usar los recursos disponibles, mientras que en la última, hecha a manera de calmante para un alto mando militar a la que no le agradaba mucho, su lenguaje, ya maduro, hace gala de su efectividad para deslumbrar con unas simples maniobras militares.

En la historia del cine quedan las imágenes de esos congresos, convertidos en obra maestra por el arte de Leni. Recordar por ejemplo el discurso de Hitler ante el cuerpo de obreros alemanes, las fogatas nocturnas que prefiguraban las ciudades en llamas por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, la juventud hitleriana marchando ante su líder, su caudillo, y que años después marcharía al sacrificio. Es difícil no conmoverse ante ello.


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Olimpiada (Olympia, 1938)

La obra maestra de Leni. Es un megadocumental dedicado a las Olimpiadas de Berlin de 1936, dividido en dos partes: la parte 1 llamada Festival de las Naciones (Volker Fest Der) y la parte 2 titulada Festival de la Belleza (Fest Schönhelt Der). Hito del cine, fue la primera vez que unos Juegos Olímpicos eran tema del cine, y aprovechando la ocasión, Leni innova introduciendo a gran escala técnicas y soluciones comunes ahora pero revolucionarias en su momento, como el uso de cámaras submarinas, cámaras con ruedas para seguir a los atletas, objetivos de 600 mm, fosos para captar los saltos en contrapicado, etc. Contando con decenas de cámaras, una tropa de especialistas y técnicos, logró captar cada competición en todo detalle, construyendo de esa manera una película ícono y modelo para las generaciones siguientes.

Olimpiada es una epopeya con aire de exaltación del cuerpo, la belleza, la fuerza. Mucho se ha dicho que ello es un ideal nazi; sin embargo es poco probable que en manos de otro director abiertamente nacionalsocialista los atletas no arios hubieran sido tratados con el respeto que demostró Leni. Es representativa por ejemplo la escena en que Jesse Owens, el atleta estadounidense de color, es comparado con una sutil y grácil gacela. La poesía de las imágenes así, gana la partida a la ideología, quedando esta cinta como una gran oda al Hombre de lo que comenzaron siendo Juegos en honor a los dioses griegos, y que trasladado al presente de la mano de Leni, crea un acontecimiento cinematográfico que quedará mientras nuestra civilización sobreviva.


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Leni murió el 8 de septiembre del 2003, a los 101 años de edad. La belleza que fuera en su juventud, una belleza típica y genuinamente alemana, tenía tras suyo un gran carácter, que iba de tú a tú con personajes como Goebbels, al que por cierto le unía una mutua antipatía. Maniática de la perfección, voluntariosa ante la adversidad en la que cayó luego de la derrota alemana y las acusaciones de glorificar al nazismo y el estigma de ser considerada “la directora de Hitler”, Leni vivió una vida plena, llena de vicisitudes, dedicada a plasmar imágenes y a viajar por lugares lejanos “a la búsqueda de lo insólito, de lo maravilloso y de los misterios de la vida”, como escribe en sus Memorias, incluso cuando ya era anciana y aprende paracaidismo. Una mujer (y perdonen el francés) “con huevos” que nos ha dejado un testamento de vida y arte.

La Yapa:

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