sábado, 26 de febrero de 2011

“Demasiado sexo puede ser algo malo…

[Otros]

… para gatos y perros también. Hay tantos animales sin techo. Por favor esterilice a su mascota” (PeTA)

Faltosa esta publicidad de los chicos amantes de los animales de PeTA. ¿Qué pensará Berlusconi de que hayan usado su imagen? Bueno, supongo que ahora tiene cosas más importantes en la cabeza, como el proceso que se le sigue por prostitución de menore y abuso de poder, el famoso caso Ruby  que junto a sus célebres orgías de setentón macho cabrío inspiraron una película porno titulada Bunga-Bunga, Presidente y cuyo trailer pueden ver ACÁ.

Este afiche revive el que hace un tiempo PeTA sacara usando a Tiger Woods en medio del escándalo por sus varias amantes (se contaron hasta diez):


Demasiado sexo puede ser algo malo… para pequeños tigres también

Pasado el infaltable chongo este asunto nos da un pretexto para hablar de la esterilización de las mascotas en general y de los gatos en particular en sí. [Carraspeo] Creo que todos hemos visto perros y gatos callejeros que buscan entre la basura y que son además de un peligro sanitario muestra evidente de la irresponsabilidad de los humanos. Valientes inquilinos de la cima de la cadena alimenticia somos: criamos y no sabemos darles un buen nivel de vida. El punto es que no seríamos testigos de escenas tan deprimentes si todos los dueños de mascotas usáramos la cabeza y lleváramos a nuestros engreídos a un veterinario y los esterilizáramos. También es un llamado a las autoridades para que promuevan campañas masivas de esterilización a costos bajos como ya se hace en varios países.

Las opciones son las siguientes

Para hembras (sean gatas o perras):

  • Histerectomía, que consiste en la extirpación del útero sólo para evitar la reproducción.
  • Ovarohisteroctomía, en donde se extirpan el útero y los ovarios, lo cual trae como beneficio adicional la eliminación del celo y evita las  falsas preñeces o preñeces psicológicas.

Para machos (sean gatos o perros):

  • Vasectomía, que es el corte de un segmento de los conductos que van de los testículos a la próstata sólo (como en el caso de la histerectomía) para evitar la reproducción.
  • Orquiectomía, conocida también como castración que es la extirpación total de los testículos. Del mismo modo que la ovarohisteroctomía este procedimiento elimina el celo y se puede decir adios a que la mascota marque su territorio con orina.

Ventajas adicionales es que las mascotas castradas u ovarohisteroctomizadas (se escribirá así supongo) se vuelven más dóciles. En gatos (que es lo que le interesa a este blogger en este SáGATO) se ve una mayor tendencia a quedarse en casa y evitar las consabidas desapariciones de varios días (“van al cuartel”, dicen mis padres). Otro efecto (quizás no tan deseable) es que los gatos castrados tienden a engordar, pero es algo que se puede prevenir con una dieta adecuada y dándoles oportunidades para hacer ejercicio.

En todo caso la simple vasectomía o histeroctomía es suficiente para evitar una proliferación descontrolada de crías que tendrán problemas para encontrar un hogar.

Por favor consulta con un veterinario cerca de tu casa o con las asociaciones de protección animal de tu localidad para que te asesoren a decidir el momento correcto para este paso.

jueves, 24 de febrero de 2011

The Peruvian Dream: Ven a Perú mientras todavía es fácil

[Homo Videns]

Reportaje de las noticias internacionales de acá a cinco años.


Video realizado y subido por LivinginPeruTV. También lo puedes ver acá.

Este es un muy ingenioso aviso publicitario producido por el equipo del portal Living in Peru, una web dirigida por Carsten Korch, un danés que llegó a nuestro país y acá conoció una mujer (como muchos extranjeros), se casó con ella (como algunos) para luego en el 2002 volver acá desde EEUU para quedarse y “hacer patria” (como no tantos). Interesante la manera cómo nos da el mensaje optimista de que el país avanza y que de seguir así (como de hecho se va viendo) ya no seremos tierra que expatría a sus hijos sino que cada vez más buscarán las oportunidades acá. Siempre es bueno ver un mensaje tan buena onda, y su web no está nada mal tampoco.

La verdad que se nota que el gringo ha acabado queriendo a nuestro país. Si hasta nuestro acento se le ha pegado, como lo muestra el simpático video que le hizo la Habitación de Henry Spencer el 2008 con motivo de la publicación del libro 101 Razones para estar Orgulloso del Perú, y que puedes conseguir gratis a través de un formulario:


Si uno de cada 10 peruanos tuviese esa pasión, ese amor desmedido por el Perú que tiene Carsten Korch -director del portal Living in Perú- este sería un país aún más grande”. Video realizado y subido por xDispenserx. También lo puedes ver acá.

¡Buena, colorado!

miércoles, 23 de febrero de 2011

Cromosoma Y (Argumento)

[Arena Roja]

Esta historia, que acaso algún día escribiré, se me ocurrió al pensar en la forma cómo las mujeres cada vez están más liberadas. Tú lo haz visto de seguro: antes (hablo de nuestras abuelas y bisabuelas) lo común era que se casaran jóvenes y se dedicarán exclusivamente a las tareas del hogar y a la crianza de los hijos… y casi nada más. Su dependencia de los hombres (el padre primero y el marido después) era total. De trabajar y salir adelante solas… poco. ¿Derechos? Casi ninguno. Incluso en el siglo XIX alguien comentó que después del mono era la mujer la que más se asemejaba al hombre, lo cual no fue impedimento para que Victoria diera su nombre a toda una época del Imperio Británico. Pero las reinas son excepciones, porque si hablamos de las mujeres comunes, su horizonte era harto reducido. La religiones antiguas, productos de la sociedad patriarcal, estipulaban todas alguna limitación a la mujer, cuando no alguna mancha. El Génesis en la figura de Eva las hacía poco menos que responsables directas de la pérdida del Jardín del Edén. Mucho de los prejuicios y discriminación de que son objeto así se pueden rastrear hasta épocas tan remotas.

Pero eso es agua que va pasando. Ya sé que el machismo aún está presente en nuestras sociedades de los suburbios occidentales y no digamos el trato que la mujer recibe en Oriente Medio y África… pero ¿no se ve un desarrollo acaso? Más y más mujeres se hacen profesionales y emprendedoras exitosas. Desde que se les concedió el derecho al voto cada vez tenemos más políticas mujeres que llegan a las más altas posiciones de la administración pública. Incluso se han dado casos de mujeres Generales, como Luz Marina Bustos en la policía colombiana. Y a pesar de eso aún sacan tiempo para ser madres. Es increíble.

Pero, ¿y en los años venideros qué? Borges alguna vez escribió que lo único seguro del futuro es que será distinto del presente. Algo creo que ya vemos. Me refiero al inicio de una androginización de nuestras sociedades occidentales. ¿No conocen por ejemplo a los emos, blancos de tantas bromas? Pero también está la progresiva mezcla de los roles antes reservados para un sexo. Ya hay hombres que cuidan a sus hijos mientras las mujeres se van a trabajar. Si te das una vuelta por las obras de construcción también verás algunas mujeres tirando lampa y picota. Sus actitudes han cambiado: chicas hay que muestran un desenfado por el sexo que en épocas más inocentes sólo se veía en los hombres. De otro lado, los metrosexuales son una tendencia que gana espacios mayores en las capitales del Mundo, tanto que muchos ven en ellos al Nuevo Hombre del Siglo XXI, preocupado por la belleza y más conectado con su parte femenina.

El mundo se dirige a algo nuevo… como siempre.

Y entre todo el barullo de fines del siglo XX, en 1997 se anunció que se había por fin conseguido la primera clonación exitosa de un mamífero a partir de una célula adulta. Me refiero a la oveja Dolly, con la cual en teoría se dejaba la puerta abierta al desarrollo de la clonación humana. Creo que no es necesario recordar la gran controversia que este tema generó y genera aún. Sólo quiero subrayar un punto: la clonación implica que los machos ya no serían necesarios para perpetuar la especie. Piénsenlo: lo que se usan son células simples, no espermatozoides. Lo único que aún es indispensable es un óvulo y un útero, ambos femeninos.

Claro, la mayor parte de los países han prohibido la clonación de humanos. Uno podría pensar así que el cromosoma Y aún tendría futuro, pero en el 2008 se anunció la investigación de una nueva técnica para crear células de esperma humano a partir de células madre femeninas. ¿Los hombres tenemos los días contados como en el indispensable comic Y: El Último Hombre?… Quizás, pero la historia que se me ha ocurrido va así:

Las naciones del mundo se enfrascan en una guerra total: armas químicas, biológicas, químicas y otras invenciones infernales arrasan lo mejor de nuestra cultura junto con la mayor parte de la humanidad. Los sobrevivientes que quedan inician así el laborioso proceso de levantarse de las cenizas en medio de las plagas, la hambruna y la desesperación. Cuando ya se estaba avanzando en la recreación de una autoridad mundial y un sistema de intercambios globales, un nuevo virus afecta a la Humanidad provocando una mutación irreversible, un síndrome que se hace patente casi sólo en los bebés varones nacidos después, enfermándolos gravemente al llegar a la adolescencia para matarlos antes de que lleguen a la mayoría de edad. La única solución que se ve es detener la reproducción masculina al volverse un insoportable peso para los sistemas de salud, promoviendo la reproducción a través de técnicas de uso exclusivo de células femeninas como la clonación. Una generación después el Hombre en los territorios de la Federación Terrestre sólo es un recuerdo que vive en los depósitos de esperma y células madre de los institutos de investigación genética que tratan de hallar una cura para la degeneración del cromosoma Y, pero también en el mercado negro que usa a adolescentes varones traídos de regiones aún no asimiladas como mercancía para mujeres pervertidas.

Amanda Rosandía y Felícitas Urre son una pareja de amigas de la infancia que tuvieron como profesora favorita en la Secundaria a uno de estos niños rescatados de las traficantes y que para poder sobrevivir tuvo que ser sometido a una operación para extirparle sus gónadas, además de recibir fuertes dosis de hormonas femeninas. Ahora, ya adultas y casadas entre ellas, cada una a su manera rinde homenaje a su profesor@, muert@ algunos años antes por el virus: Amanda es una policía que trabaja en una unidad especial del Gobierno de la Federación dedicada a rastrear esos grupos de tratantes de chicos; y Felícitas es una catedrática en la Universidad de Nueva Caracas.

Amanda en sus investigaciones a menudo tendrá que internarse en la selva donde tribus de amazonas proliferan al margen de cualquier reconocimiento de una civilización industrial, mientras que Felícitas se enfrenta día a día con la confusión de sus estudiantes en un mundo que parece estancado. La historia será así un recuento de la vida en una sociedad sin hombres, sus pros y sus contras, luces y sombras. También de la lucha por reunir a la humanidad bajo una bandera y un proyecto de futuro de paz y tolerancia, aunque a sabiendas de que toda utopía lleva en sí misma el germen de su decadencia. Acaso somos los hombres el factor que falta.

martes, 22 de febrero de 2011

Level E (2011): Cuando E.T. sólo vino para fastidiar

[A-Review]

¿Dónde están los agentes J y K cuando se los necesita?

¿Sabías que hay extraterrestres viviendo entre nosotros? Sí, están por aquí y por allá, algunos son pacíficos pero otros son peligrosos. ¿Y adivinen qué? Los únicos que no se enteran… somos los humanos. Tsutsui Yukitaka es un muchacho que ha logrado su sueño de vivir por su cuenta (¡Al fin libre!) gracias a que por sus habilidades en el béisbol la Preparatoria Kisaragi lo ha fichado para que juegue para ellos. Y allá va Yukitaka con gran ilusión y sorprendido por el gran interés de la gente de la localidad por el béisbol, llegando a su nuevo departamento (hogar dulce hogar) sólo para encontrarse con que un extraño rubio con cara de palo se ha instalado cómodamente allí… e incluso se ha tomado la libertad de tomar prestada su ropa y desempacar sus cosas. Obviamente Yukitaka trata de echar al invasor, sobretodo cuando este se presente como un extraterrestre cuya nave se estrelló cerca y que a raíz de ello sufre una amnesia parcial. Bueno, para resumir el rubio (que se revela como un pesado y burlón) logra que Yukitaka acepte que se quede allí apelando al vil chantaje primero y luego a la manipulación. ¡Pobre Yukitaka! No sabe en lo que se mete, pues el dizque refugiado alienígena no es otro que el infame Príncipe Baka del planeta Dogura, que además de tomarle el pelo lo meterá en grandes líos con una de las varias especies peligrosas que viven en la Tierra… Y no digo más, pues se perderían uno de los momentos más épicos que ha dado el anime en lo que es comedia.

Leo lo anterior y noto que no he expresado los puntos fuertes de esta serie… o mas bien, de su Yukitaka odia a Bakaprotagonista, el Príncipe Baka. ¿Qué decir de este hijo de su alienígena madre? Si alguna vez la palabra troll es incluida en el DRAE bien podrían poner su cacharro al costado, pues eso es lo que es: un individuo (increíblemente inteligente y lleno de recursos, eso sí) que trolea a todos los que le rodean (y a tí, lector/televidente) para su propia diversión, empezando con su “favorito” para las bromas: el esforzado guardia real Kraft, que si no fuera porque es su deber protegerlo ya lo habría asesinado cruelmente hace años (espérenlo en el capítulo dos, no tiene pierde). Kraft ODIA a BakaY luego está el desventurado Yukitaka: en los capítulos iniciales uno se parte de risa al ver cómo él y Baka se provocan entre sí, las bromas y tomaduras de pelo que Baka le hace y las reacciones de Yukitaka… todo con una naturalidad y frescura que ya la quisiera el más pintado anime de colegialas moe. Y es sólo el principio, pues luego del primer arco que sirve como introducción a este universo, la serie da un giro y luego otro y otro más (acaso más tranquilitos, pero igual dan para ver), todos centrados en Baka y la misión que se le encarga hacer en la Tierra… ¡Kamisama nos salve!

Este anime está basado en el manga homónimo publicado por la mítica Shonen Jump entre 1995 y 1997 (sí que se demoraron, ¿no?), cuyo autor no fue otro que el popular Yoshihiro Togashi, conocido por las queridas Yuu Yuu Hakusho y Hunter x Hunter. Más garantía de calidad no podía haber.

Terminando: corre a tu pirata favorito o bien descárgalo de la lista que está más abajo, que debes ver Level E sí o sí, porque si no te arrepentirás.

El Opening


Video subido por animenopc. También lo puedes ver acá.

El Ending


Level E - Ending RAW
Cargado por Pauline56400. - Mira más videos de TV y películas.

Guía de episodios (actualizable)

Nº de Episodio Fecha de Emisión Título Original Título Traducido Descargas Directas
01 11/01/2011 An Alien on the Planet Un Alien en el Planeta [MU] [RS]
02 18/01/2011 Run After the Man Corran tras el Tipo [MU] [RS]
03 25/01/2011 Risky Game Juego peligroso [MU] [RS]
04 01/02/2011 From the Darkness Desde la Oscuridad [MU] [RS]
05 08/02/2011 Here Come Color Rangers!! Vengan Color Rangers!! [MU] [RS]
06 15/02/2011 Dancing on the Trap Bailando en la Trampa [MU] [RS]
07 22/02/2011 Game Over…!? Fin del Juego…!? [MU]
08 01/03/2011 You're My Darling! Tú eres mi Querido! [MU]
09 08/03/2011 Love Me Tender Ámame Suave [MU]
10 15/03/2011 Boy Meets Girl Niño conoce Chica [MU]
11 22/03/2011 Field of Dreams! Campo de Sueños! [MU]
12 29/03/2011 Half Moon…! Media Luna…! [MU]
13 (Final) 05/04/2011 Full Moon…! Luna Llena…! [MU]

Nota: El fansub seguido es el de JumAnimes Fansub.

 
Esa p%&ªÎ cara

Actualización al 08/04/2011: Después de ver el EPIC final, me entero a través de Baratijas Blog que  la cantante del opening era Chiaki Kuriyama, que conocimos en occidente por su interpretación de Gogo, la psicótica adolescente guardaespaldas de O-Rein en Kill Bill Vol 1, aunque los que ya llevamos un poco de tiempo en esto la ubicamos también como una de las colegialas de Battle Royale. El videoclip original no tiene pierde:


Video subido por sicilianjackals. También lo puedes ver acá.

sábado, 19 de febrero de 2011

Los comics de gatos de Jeffrey Brown

[Otros]

¡Qué raros son los gatos!... pero igual ¡vivan los gatos!

El estadounidense Jeffrey Brown es un reconocido artista gráfico (eufemismo que significa que se gana la vida haciendo garabatos). Obras suyas son los comics Clumsky, Unlikely, AEIOU, Every Girl is the End of the World for Me, Little Things, Bighead, entre otros que tampoco he leído (gracias, wikipedia). Hombre, ¿qué quieren que haga? Vivo en el suburbio de un suburbio de nuestra aldea global, así que agradeceré si me pasan enlace para ver su trabajo en línea… si fuera posible translated in spanish… y sobretodo estas dos: Gato Saliendo de una Bolsa y Otras Observaciones y Los Gatos Son Raros y Más Observaciones que están, como sus títulos y portadas proclaman, dedicados a nuestros felinos inquilinos, sus manías, excentricidades, paranoias, travesuras y rarezas varias que toooodo compañero de gato (sí, compañero, porque si crees que eres el dueño hazte ver) conoce de sobra.

Aceptémoslo, los gatos no piensan como nosotros y harán todo tipo de cosas incomprensibles para nuestra lógica y filosofía, pero ese es su encanto, su superpoder que llena de color nuestras vidas cuando los vemos por allí con la cola en bandera o la garra dispuesta. Por ejemplo al mío le ha dado por cazar cucarachas (como en la última viñeta de este post): el otro día contamos siete cadáveres a medio comer en la sala. Extraño cuando Sammy sólo metía hojas.

A continua, algunas viñetas de estos comics que he encontrado gracias a Google:

 

Y recuerden: mañana 20/02/2011 es el primer Día Internacional del Gato… así que pásenlo bien y no se olviden de agasajar a sus mininos.

martes, 15 de febrero de 2011

El mito de Un Mundo Mejor, fragmento de El Siglo de Las Luces, novela de Alejo Carpentier

[Op. Cit]

El río fluye, pero el agua es la misma.

El Siglo de las Luces es acaso la más famosa novela del escritor francocubano Alejo Carpentier. Yo la leí en una primorosa versión de tapa dura que tomé en préstamo de la Biblioteca de mi Universidad… allá cuando estudiaba el Primer Año de Contabilidad. Recuerdo cómo me la acabé casi de un tirón en mi cama bajo la luz de una lámpara un fin de semana. Su lenguaje barroco y el colorido y musicalidad de sus imágenes me subyugó y hasta ahora me impresiona. Definitivamente una obra maestra que basada en hechos históricos reales nos relata la confusión y las luchas políticas que se dieron en el marco de la introducción de los ideales de la Revolución Francesa en las Antillas a fines del siglo XVIII, presentados a través de unos de esos personajes de talla mítica que tanto admiraba Carpentier, el Agente del Directorio para la isla de Guadalupe, Víctor Hughes, y su relación con tres jóvenes huérfanos cubanos de los que se hace amigo (y cuasi-mentor) en un viaje de “negocios” a La Habana. Este fragmento es significativo; en él Carpentier expone su idea del “eterno retorno”, el carácter cíclico de la Humanidad y la pervivencia de los paradigmas, además de narrarnos de forma brillante la odisea de los caribes en pos del Imperio de los Mayas.

El Siglo de las Luces

(Fragmento)

XXXIV

...Hallábase frente a las Bocas del Dragón, en la noche inmensamente estrellada, allí donde el Gran Almirante de Fernando e Isabel viera el agua dulce trabada en pelea con el agua salada desde los días de la Creación del Mundo. «La dulce empujaba a la otra por que no entrase, y la salada por que la otra no saliese.» Pero, hoy como ayer, los grandes troncos venidos de tierras adentro, arrancados por las crecientes de Agosto, golpeados por las peñas, tomaban los rumbos del mar, escapando al agua dulce para dispersarse sobre la inmensidad de la salada. Veíalos flotar Esteban, hacia Trinidad, Tobago o las Granadinas, dibujados en negro sobre estremecidas fosforescencias, como las largas, larguísimas barcas, que no hacía tantos siglos hubiesen salido por estos mismos rumbos, en busca de una Tierra Prometida. En aquella Edad de Piedra —tan reciente y tan actual para muchos, no obstante— el Imperio del Norte era la obsesión de cuantos se reunían, de noche, en torno a las hogueras. Y, sin embargo, era bien poco lo que de él se sabía. Los pescadores tenían sus noticias de boca de otros pescadores, que las tenían de otros pescadores de más lejos y más arriba, que las tenían a su vez de otros más remotos. Pero los Objetos habían viajado, traídos por trueques y navegaciones sin número. Estaban ahí, enigmáticos y solemnes, con todo el misterio de su factura. Eran piedras pequeñas —¿y qué importaba el tamaño?— que hablaban por sus formas; piedras que miraban, que desafiaban, que reían o se crispaban en extrañas muecas, venidas de la tierra donde había explanadas inmensas, baños de vírgenes, edificaciones nunca vistas. Poco a poco, de tanto hablar del Imperio del Norte, los hombres fueron adquiriendo sobre él derecho de propiedad. Tantas cosas habían creado las palabras, llevadas de generación a generación, que esas cosas habían pasado a ser una suerte de patrimonio colectivo. Aquel mundo distante era una Tierra-en-Espera, donde por fuerza habría de instalarse un día el Pueblo Predilecto, cuando los signos celestiales señalaran la hora de marchar. En espera de ello, la masa humana engrosaba cada día aumentando el hormigueo de las gentes en la boca del Río-sin-Término, del Río-Madre, situado a centenares de jornadas más al sur de las Bocas del Dragón. Unas tribus habían bajado de sus serranías, abandonando las aldeas donde se viviera desde tiempos inmemoriales. Otras habían desertado la ribera derecha, en tanto que las de selvas adentro iban apareciendo, bajo las lunas nuevas, saliendo de las espesuras por grupos extenuados, con el deslumbramiento de quienes, durante largos meses, hubieran andado en penumbras verdes, siguiendo los caños, sorteando las tuberas... La espera, sin embargo, se prolongaba. Tan vasta iba a ser la empresa, tan largo el camino por recorrer, que no acababan los caudillos de decidirse. Crecían los hijos y los nietos, y aún estaban todos ahí, pululantes, inactivos, hablando de lo mismo, contemplando los Objetos cuyo prestigio se acrecía con la espera. Y una noche, según se recordaría siempre, una forma llameante cruzó el cielo, con un enorme silbido, señalando el rumbo que los hombres se habían fijado desde mucho antes para alcanzar el Imperio del Norte. Entonces la horda se puso en marcha, dividida en centenares de escuadrones combatientes, penetrando en las tierras ajenas. Todos los varones de otros pueblos eran exterminados, implacablemente, conservándose sus mujeres para la proliferación de la raza conquistadora. Así se crearon los idiomas: el de las hembras, lenguaje de cocina y de partos, y el de los hombres, lenguaje de guerreros, cuyo conocimiento se tenía por un privilegio soberano... Más de un siglo duró la marcha a través de selvas, llanuras, desfiladeros, hasta que los invasores se encontraron frente al Mar. Se tenían noticias de que las gentes de otros pueblos, sabedoras del terrible avance de las del Sur, habían pasado a unas islas que existían, lejos aunque no tan lejos, detrás del horizonte. Nuevos Objetos, semejantes a los conocidos, indicaban que el Rumbo de las Islas era acaso el más señalado para alcanzar el Imperio del Norte. Y como el tiempo no contaba, sino la idea fija de llegar algún día a la Tierra-en-Espera, los hombres se detuvieron para aprender las artes de la navegación. Las canoas rotas, dejadas en las playas, sirvieron de modelos a las primeras que, con troncos ahuecados, fabricaron los invasores. Pero, como habría que afrontar largas distancias, comenzaron a hacerlas cada vez más grandes y espigadas, de mayor eslora, con altas y afiladas proas, donde cabían hasta sesenta hombres. Y un día, los tataranietos de quienes habían iniciado la migración terrestre, iniciaron la migración marítima partiendo, por grupos de barcas, a la descubierta de las islas. Tarea fácil les fue cruzar los estrechos, burlar las corrientes, saltando de tierra en tierra y matando a sus habitantes —mansos agricultores y pescadores que ignoraban las artes de la guerra. De isla en isla iban avanzando los marineros, cada vez más expertos y más audaces, habituados a guiarse ya por la posición de los astros. A medida que proseguían su ruta, crecían ante sus ojos las torres, las explanadas, los edificios, del Imperio del Norte. Se le sentía próximo, con aquellas islas que crecían, tornándose cada vez más montañosas y ricas. Dentro de tres islas, de dos islas, acaso de una —y contábase por islas— se llegaría por fin a la Tierra-en-Espera. Ya estaban las vanguardias en la mayor de todas —acaso última etapa. No se destinaban ya las maravillas próximas a los nietos de los invasores. Eran estos ojos que tengo, los que las contemplarían. Y de sólo pensarlo, se apretaba el ritmo de las salomas y los remos, por filas, se hundían en el mar, impulsados por manos impacientes.

Pero he aquí que en el horizonte empiezan a dibujarse unas formas raras, desconocidas, con alvéolos en los costados y aquellos árboles crecidos en lo alto, sosteniendo paños que se hinchaban o tremolaban, ostentando signos ignorados. Los invasores se topaban con otros invasores, insospechados, insospechables, venidos de no se sabía dónde, que llegaban a punto para aniquilar un sueño de siglos. La Gran Migración ya no tendría objeto: el Imperio del Norte pasaría a manos de los Inesperados. En su despecho, su ira visceral, los Caribes se lanzaban al asalto de esas enormes naves, asombrando con su audacia a quienes las defendían. Se trepaban a las bordas, atacando con una encarnizada desesperación, inexplicable para los recién llegados. Dos tiempos históricos inconciliables, se afrontaban en esa lucha sin tregua posible, que oponía el Hombre de los Totems al Hombre de la Teología. Porque, súbitamente, el Archipiélago en litigio se había vuelto un Archipiélago Teológico. Las islas mudaban de identidad integrándose en el Auto Sacramental del Gran Teatro del Mundo. La primera isla conocida por el invasor venido de un continente inconcebible para el ente de acá, había recibido el nombre de Cristo, al quedar plantada una primera cruz, hecha de ramas en su orilla. Con la segunda habíase remontado a la Madre, al llamarlo Santa María de la Concepción. Las Antillas se transformaban en un inmenso vitral, traspasado de luces, donde los Donadores estaban ya presentes en el contorno de la Fernandina y de la Isabela, en tanto que el Apóstol Tomás, Juan Bautista, Santa Lucía, San Martín, Nuestra Señora de la Guadalupe y las supremas figuraciones de la Trinidad, se iban colocando en sus respectivos lugares, mientras nacían las villas de Navidad, de Santiago y Santo Domingo, sobre el cerúleo fondo blanquecido por el laberinto de las Once Mil Vírgenes —incontables como las estrellas del Campus Stellae. Dando un salto de milenios, pasaba este Mar Mediterráneo a hacerse heredero del otro Mediterráneo, recibiendo, con el trigo y el latín, el Vino y la Vulgata, la Imposición de los Signos Cristianos. No llegarían jamás los Caribes al Imperio de los Mayas, quedando en raza frustrada y herida de muerte en lo mejor de su empeño secular. Y de su Gran Migración fracasada, que acaso se iniciara en la orilla izquierda del Río de las Amazonas cuando las cronologías de los otros señalaban un siglo XIII que no lo era para nadie más, sólo quedaban en playas y orillas la realidad de los petroglifos caribes —jalones de una epopeya nunca escrita— con sus seres dibujados, encajados en la piedra, bajo una orgullosa emblemática solar... Hallábase Esteban en las Bocas del Dragón, en el alba aún estrellada, allí donde el Gran Almirante viera el agua dulce trabada en lucha con el agua salada desde los días de la Creación del Mundo. «La dulce empujaba a la otra porque no entrare, y la salada porque la otra no saliese.» Pero aquel agua dulce tan caudalosa, no podía provenir sino de la Tierra Infinita o, lo que era mucho más verosímil para quienes aún creyeran en la existencia de los monstruos catalogados por Isidoro de Sevilla, del Paraíso Terrenal. Muy paseado estaba aquel Paraíso Terrenal por los cartógrafos del Asia al África, con su fuente nutricia de los máximos ríos. Tan paseado que al probar el agua en que bogaba su nave, el Almirante, hallándola «cada vez más dulce y más sabrosa», columbró que el río que a este mar la arrojaba había de nacer al pie del Árbol de la Vida. Este fulgurante pensamiento le hace dudar de los textos clásicos: «Yo no hallo ni jamás he hallado escriptura de latinos ni de griegos que certificadamente diga el sitio, en este mundo, del Paraíso Terrenal, ni lo he visto en ningún mapamundi.» Y ya que el Venerable Beda, y San Ambrosio y Duns Escoto situaban el Paraíso en el Oriente, y a ese Oriente creían haber llegado los hombres de Europa navegando con el Sol y no contra el Sol, se afirmaba la deslumbradora evidencia de que la Isla Española, llamada de San Domingo, era Tarsis, era Caethia, era Ofir y era Ofar y era Cipango —todas las islas o tierras mentadas por los antiguos, que mal se hubiesen ubicado hasta ahora en un universo cerrado por España, como lo había sido la Península entera por obra de sus reconquistadores. Venidos eran los «tardos años», anunciados por Séneca, «en los cuales el Mar Océano aflojaría los atamientos de las cosas y se abriría una grande tierra; y un nuevo marinero, como aquel que fuera guía de Jasón, descubriría un nuevo mundo; y entonces no sería ya la isla de Thule la postrera de las tierras». De súbito el Descubrimiento cobraba una gigantesca dimensión teológica. Este viaje al Golfo de las Perlas de la Tierra de Gracia estaba escrito, con relumbrante subrayado, en el Libro de las Profecías de Isaías. Confirmábase el anuncio del Abad Joaquín Calabrés, afirmando que de España saldría quien hubiese de reedificar la Casa del Monte Sión. El mundo tenía forma de pecho de mujer, con un pezón en cuya punta crecía el Árbol de la Vida. Y sabíase ahora que de su inagotable manantial, suficiente para saciar la sed de todos los seres vivos, no sólo brotaban ya el Ganges, el Tigris y el Eufrates, sino también el Orinoco, ruta de los Grandes Troncos que descendían hacia el mar, en cuyas cabeceras se hubiese ubicado por fin, después de tan larga espera —ahora alcanzable, abordable, cognoscible en todo su esplendor— el Paraíso Terrenal. Y en estas Bocas del Dragón, de aguas transparentadas por el Sol naciente, podía el Almirante clamar su exultación, entendido el secular combate de las aguas dulces y las aguas saladas: «Así pues, el Rey y la Reina, los Príncipes y sus Reinos, tributen gracias y a nuestro Salvador Jesucristo que nos concedió tal victoria. Celébrense procesiones; háganse fiestas solemnes; llénense los templos de ramas y de flores; gócese Cristo en la tierra como se regocija en el cielo, al ver la próxima salvación de tantos pueblos entregados hasta ahora a la perdición.» El abundante oro de estas tierras acabaría con la abyecta servidumbre en que el escaso oro de Europa tenía sometido al Hombre. Cumplidas eran las profecías de los Profetas, confirmadas estaban las adivinaciones de los antiguos y también las inspiraciones de los teólogos. El perenne Combate de las Aguas, en tal lugar del mundo, anunciaba que se había llegado por fin, después de una agónica espera de siglos, a la Tierra de Promisión... Hallábase Esteban en las  Bocas del Dragón, devoradoras de tantas expediciones que abandonaron las aguas saladas por las dulces, en busca de aquella Tierra de Promisión nuevamente movediza y evanescente — tan movediza y evanescente que acabó por esconderse para siempre tras el frío espejo de los lagos de la Patagonia. Y pensaba, acodado en la borda del Amazon, frente a la costa quebrada y boscosa que en nada había cambiado desde que la contemplara el Gran Almirante de Isabel y Fernando, en la persistencia del mito de la Tierra de Promisión. Según el color de los siglos, cambiaba el mito de carácter, respondiendo a siempre renovadas apetencias, pero era siempre el mismo: había, debía haber, era necesario que hubiese en el tiempo presente —cualquier tiempo presente— un Mundo Mejor. Los Caribes habían imaginado ese Mundo Mejor a su manera, como lo había imaginado a su vez, en estas bullentes Bocas del Dragón, alumbrado, iluminado por el sabor del agua venida de lo remoto, el Gran Almirante de Isabel y Fernando. Habían soñado los portugueses con el reino admirable del Preste Juan, como soñarían con el Valle de Jauja, un día, los niños de la llanura castellana, después de cenarse un mendrugo de pan con aceite y ajo. Mundo Mejor habían hallado los Enciclopedistas en la sociedad de los Antiguos Incas, como Mundo Mejor hubiesen parecido los Estados Unidos, cuando de ellos recibiera Europa unos embajadores sin peluca, calzados con zapatos de hebilla, llanos y claros en el hablar, que impartían bendiciones en nombre de la Libertad. Y a un Mundo Mejor había marchado Esteban, no hacía tanto tiempo, encandilado por la gran Columna de Fuego que parecía alzarse en el Oriente. Y regresaba ahora de lo inalcanzado con un cansancio enorme que vanamente buscaba alivio en la remembranza de alguna peripecia amable. A medida que transcurrían los días de la navegación, pintábasele lo vivido como una larga pesadilla —pesadilla de incendios, persecuciones y castigos, anunciada por el Cazotte de los camellos vomitando lebreles; por los muchos augures del Fin de los Tiempos que tanto habían proliferado en este siglo, tan prolongado que totalizaba la acción de varios siglos. Los colores, los sonidos, las palabras, que aún lo perseguían, le producían un malestar profundo, semejante al que originan, en algún lugar del pecho, allí donde las angustias se hacen palpables en latidos y asimetrías de ritmos viscerales, los resabios postreros de una enfermedad que pudo ser mortal. Lo quedado atrás, evocado en negrores y tumultos, tambores y agonías, gritos y tajos, se asociaba en su mente con ideas de terremoto, de convulsión colectiva, de furor ritual... «Vengo de vivir entre los bárbaros», dijo Esteban a Sofía, cuando para él se abrió, con solemne chirrido de bisagras, la espesa puerta de la casa familiar, siempre parada en su esquina con el singular adorno de sus altas rejas pintadas de blanco.

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Otrosí: Esta novela fue adaptada al cine en 1992 con dirección de Humberto Solás, en el marco de una coproducción cubana-francesa-rusa. El que sigue es un fragmento (¿el trailer?). Si alguien sabe dónde se puede ver, por favor avise.


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domingo, 13 de febrero de 2011

¡Adios, Lenin! (Goodbye, Lenin!)

[Homo Videns]

Y despertó y le dijeron que el Muro aún estaba en pie.

 

Proletarios del mundo... ¡uníos!

Realizada en el 2003, esta película alemana es una pequeña obra maestra que circulando entre la comedia y el dramatismo hace un retrato de una época extraordinaria de la historia reciente: la caída del Comunismo en Europa y la apertura de la Alemania Oriental a la experiencia capitalista, tiempos de drásticos cambios que no estuvo exenta de problemas y desajustes pero también de esperanza y optimismo; todo desde la óptica de un joven que por amor a su madre es capaz de todo… hasta de ocultarle el desplome del Comunismo.

Octubre de 1989 no era el mejor momento para entrar en coma si vivías en Alemania Oriental y eso es precisamente lo que le ocurre a la madre de Alex, una mujer orgullosa de sus ideas socialistas que cae en coma días antes de la caída del muro de Berlín. Alex se ve envuelto en una complicada situación cuando su madre despierta de repente ocho meses después, en una Alemania reunificada y capitalista. Ninguna otra cosa podría afectar tanto a su madre como la caída del Muro de Berlín y el triunfo del capitalismo en su amada patria socialista, así que para salvarla Alex convierte el apartamento familiar en una isla anclada en el pasado, una especie de museo del socialismo en el que su madre vive cómodamente creyendo que nada ha cambiado. Lo que empieza como una pequeña mentira piadosa se convierte en una gran estafa cuando la hermana de Alex y algunos vecinos se encargan de mantener la farsa para que la madre de Alex siga creyendo que al final ¡Lenin venció!


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sábado, 12 de febrero de 2011

Los Gatos y el Imperio Británico

[Otros]

Old England Kitty!

Los gatos son importantes compañeros nuestros y aunque se esfuercen en no hacer nada por nosotros, lo hacen. Sólo recordar que el azote de la Peste Negra en Europa fue si no causado sí favorecido por la falta de gatos que mantuvieran a raya a las ratas portadoras de la enfermedad. La superstición que hacía de los gatos poco menos que socios de Satanás y por ende objeto de exterminio, así se cobró la vida de una cuarta parte de los europeos.

Pero ahora voy a hablar de una docta observación que algunos reputados científicos decimonónicos hicieran y que relacionaban a los gatos con la prosperidad de la Inglaterra victoriana. El que lo inició fue Charles Darwin, quien en su El Origen de las Especies observó que donde hay más gatos hay menos ratones y, por ende, más abejorros y más tréboles. Ello porque al cazar los gatos a los ratones reducen su número y así los abejorros (cuyos nidos son destruidos por los ratones) abundan y polinizan los tréboles. Y los tréboles son alimento del ganado vacuno, por lo que después de todo esto se llega a la conclusión de que los gatos promueven la ganadería. El naturalista alemán Ernst Haeckel le llevó el apunte y corroboró su razonamiento.

Luego tenemos a otro biólogo defensor de Darwin y su teoría de la evolución, el inglés Thomas Henry Huxley, quien llevando un poco más lejos este razonamiento concluía así: Recordaba que la cecina de buey era el alimento básico de los soldados del Imperio Británico, los cuales por las guerras y las enfermedades tenían una gran mortandad, dejando en las ciudades británicas gran cantidad de mujeres solteras y viudas jóvenes que, “dado el carácter abnegado de la mujer británica”, no se volvían a casar, volcando sus sentimientos al cuidado de los gatos. Así, pues, todo el asunto de los gatos, abejorros y ratones diezmados, venía a explicar el porqué el Imperio Británico se mantuviera y prosperara merced a un poderoso ejército alimentado a base de cecina de buey. Y además cómo los gatos así aseguraban la subsistencia de su especie, pues su inconsciente trabajo de controlar las plagas de ratones promovía que no faltaran mujeres solteras y viudas jóvenes que se dediquen a cuidarlos.

¿Alucinante? Ejemplo de la complejidad de un sistema ecológico. Esto fue adaptado de un artículo llamado Los Científicos se Divierten, escrito por Joan Domènec Ros Aragonés en la edición de septiembre de 1997 (pp. 768-775) de la revista Mundo Científico. Parece interesante. Si alguien tiene el artículo original por favor compártalo con todos.

lunes, 7 de febrero de 2011

Las drogas de nuestros abuelos

[Pata de Palo]

Después de todo, son medicinas, ¿no?.

Este texto me llegó en un correo de dark.elihuvc… Simplemente alucinante.

Heroi­na Bayer

Entre 1890 y 1910,  la heroína era divulgada como un sustituto no adictivo de la morfina y un remedio contra la tos para niños.

Vino de coca

El vino de coca Metcalf era uno entre la gran cantidad de vinos que contení­an coca, disponibles en el mercado. Todos afirmaban que tenían efectos medicinales,  pero indudablemente que eran consumidos por su alto valor "recreativo".

Vino Mariani

El Vino Mariani (1865) era el principal vino de coca de su tiempo. El Papa León XIII llevaba siempre un frasco de Vino Mariani consigo y premió a su creador, Ángelo Mariani,  con una medalla de oro.

Maltine

Este vino de coca fue fabricado por Maltine Manufacturing Company de New York y obtuvo diez medallas de oro. La dosis indicada era: "Una copa llena junto con (o inmediatamente después de) las refacciones. Niños en proporción”.

Propaganda

Un pisapapeles de propaganda de C.F. Boehringer & Soehne (Mannheim, Alemania), "los mayores fabricantes del mundo de quinina y cocaína". Este fabricante tení­a el orgullo de su posición de líder en el mercado de la cocaína.

Glyco-Heroína

Propaganda de la heroí­na de Martin H. Smith Company, de Nueva York.  La heroína era ampliamente usada no sólo como analgésico, sino también como remedio contra el asma, la tos y la neumoní­a. Mezclar heroína con glicerina (y comúnmente azúcar y saborizantes) volvía más agradable el sabor del opiáceo amargo para su consumo por ví­a oral.

Opio para el asma

Este vaporizador estaba indicado "para el asma y otras afecciones espasmódicas". El lí­quido volátil era colocado en una olla y calentado con una lámpara de queroseno.

Tableta de cocaína

En 1900 estas tabletas de cocaína eran "Indispensables para los cantantes, maestros y oradores". También calmaban el dolor de garganta y tení­an un efecto "reanimador" para que estos profesionales rindieran al máximo en sus performances.

“Gotas de Cocaína para el Dolor de Muelas. Cura instantánea"

Las gotas de cocaína para el dolor de muelas (1885) eran populares para los niños. No sólo acababan con el dolor, sino que también mejoraban el "humor" de los usuarios.

Opio para bebés recién-nacidos

¿Usted cree que nuestra vida moderna es confortable? Antiguamente para aquietar a bebés recién nacidos, no era necesario un gran esfuerzo por parte de los padres, pero sí­ era necesario algo de opio. Este frasco de paregírico (sedativo)  de Stickney and Poor  era una mezcla de opio y alcohol, distribuida del mismo modo que los condimentos por los cuales la empresa era conocida.

Dosis:

  • Para niños de cinco días... 5 gotas.
  • Para niños de 2 semanas…  8 gotas
  • Para niños de 5 años… 25 gotas
  • Para adultos… una cucharada llena

El producto era muy potente y contení­a 46% de alcohol.

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Así que de allí vino. Entonces me pregunto… ¿cuándo se volvió este comercio ilegal?

Y en nuestro folklore local, varios políticos se hacen pruebas toxicológicas para demostrar que no consumen drogas. Y mientras tanto los que empezaron con esa pachanga:

Vía Hojas de Vida

domingo, 6 de febrero de 2011

Algunos momentos South Park (I)

[Homo Videns]

Al c…, pongo lo que quiero.

Si alguien puede continuar la obra de Adolfo... ese es Eric

South Park es para mí una serie épica, sobretodo si la comparamos con la otra serie de culto en los últimos tiempos… sí, donde todos tienen hepatitis. Asumámoslo: The Simpsons habrá sido atrevida y controversial en sus inicios para acabar sus últimas temporadas aburguesándose, pero la criatura de Parker & Stone no sabe caer en la complacencia, siendo hasta ahora ácida e irrespetuosa con todo y con todos. O sea: “No podemos complacerlos a todos, pues ofendámosles a todos”. Así, se han metido con medio mundo indiscriminadamente, sean conservadores, liberales, religiosos, ateos, cienciólogos, blancos. negros, chinos, grupos folklóricos peruanos… pero siempre de manera inteligente. Vamos, que estos no creen en nadie cuando se trata de criticar nuestra realidad. Y por favor no sean como un amigo que no ve más que SP como una serie llena de lisuras.

Acá algunos momentos que he encontrado de la serie. También recomiendo que vean esta reseña de Charly donde analiza porqué South Park es mejor que The Simpsons, y a ver si comentan para que termine su top de 30 mejores capítulos de SP. Más flojo el paisano.

Los Jonas Brothers ya no quieren usar los anillos de pureza

No sé ustedes, pero yo nunca esperé ver a Mickey en esta faceta. Así South Park se llevó la inocencia de varios… no la mía, claro.


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La mamá de Kyle es p...

Uno de los varios momentos musicales de la película. Cartman como siempre un pesado, aunque en su defensa debo decir que la madre de Kyle en esta ocasión se pasó de mojigata.


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La insaciable vagina de Bebe

A Bebe le llega el desarrollo y sus amigas se molestan por toda la atención extra que los chicos tienen hacia ella. Como siempre las mujeres, puñaleras sin asco.


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Poker Face cantada por Eric Cartman

Kyle acude a sus amigos para que le ayuden a salvar a las ballenas y delfines de ser masacrados por los japoneses y los encuentra entretenidos cantando. Y claro, lo mandan a la mismísima. Nunca me imaginé que Cartman fuera fan de Lady Gaga.

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Eres un cabrón hijop…

Otro de los momentos “musicales” de la película, cortesía de Terrance y Phillip, quintaesencia de la comedia canadiense. No será humor blanco, marrón quizás.


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Vota o Muere

Kyle no quiere participar en la elección de la nueva mascota del colegio porque simplemente no le convence ninguno de los candidatos, así que recibe la “amable” visita de Puff Daddy para enseñarle el valor del voto. Bien “democrático” el rapero este.


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El Museo de la Tolerancia

Los niños son llevados a dar una visita a un singular museo para aprender a ser tolerantes con las minorías, gente diferente, etc. Claro que Cartman lo entiende todo a su modo.


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La pelea del siglo: Cartman vs Wendy

Cartman ofende a Wendy (y de paso a todo el género femenino) y esta se decide a darle su merecido sin importarle que le espere un castigo. Para ella es cuestión de principios… y porque Cartman es un auténtico bastardo.


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Cthulhu mata a Justin Bieber

El Dios de la Oscuridad, el temible Cthulhu, acaba aliándose con el Mapache en su cruzada para limpiar el mundo. Y el próximo objetivo es cierto imberbe cantante pop.


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El Show de Butters

Personalmente mi personaje favorito: tan inocente, tierno… hasta cuando se pone la capa y el casco del Profesor Caos. Y cuando se junta a Cartman siempre sale algo épico.


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Claro que habrían más momentos más épicos, como cuando Butters se entera de que su madre trató de matarlo, de cuando Cartman se hizo pasar por un discapacitado en una Olimpiada Especial… que perdió, la muerte de Chef (con su audio original para que se note la artera manera de editar sus diálogos), la mamá de Cartman encamándose con el equipo de los Broncos, alguna de las violaciones de que fue objeto Indiana Jones, el discurso del Gran Sabio a la nación de los castores, alguna de las mejores muertes de Keny, etc. Son tantas que espero poder encontrar en algún lado y que pienso postear cuando pueda.

Hasta la vista… y ¡RESPETEN MI AUTORIDAD!

sábado, 5 de febrero de 2011

Mortal y Tigre, obituario de Fernando Sánchez Dragó a la muerte de su gato Soseki

[Op. Cit.]

In Memorian, Soseki (? – 28/11/2008)

Soseki aprendiendo a escribir

El escritor, crítico  literario, ensayista, presentador, ex-comunista y ahora anarcobudistaliberalradical (o algo así) Fernando Sánchez Dragó es uno de esos españoles que no pasa desapercibido, en parte por los shows que hace cuando tiene una cámara en frente, en parte por ciertas acusaciones de pedofilia de las que fue objeto a raíz un episodio en Tokyo con unas loli-gals de 13 años, en parte por su verborreico estilo de escritura. Ganador de varios premios, su nombre pasó a la posteridad (cosa de que se jacta el tío) al bautizar un amigo suyo entomólogo una nueva especie de escarabajo de Namibia como Somaticus Sanchezdragoi en fin, todo un personaje. Pero eso no es lo que nos atañe ahora sino que aparte de todo eso (y estar casado con una japonesa 37 años menor que él – Gambare!) Fernando Sánchez Dragó es un ostentoso fanático de los gatos, tanto así que era común verlo compartiendo cámaras con su favorito, un gato atigrado al que le puso Soseki en honor al escritor japonés Natsume Soseki, autor de Soy un Gato. Este michifuz, cuenta Sánchez Dragó, apareció un día subiéndose orondo a su auto… y así nació el amor… y una nueva estrella gatuna en televisión e internet. Sin embargo, un accidente a finales de noviembre del 2008 se llevó la vida de Soseki dejando a Sánchez Dragó destrozado completamente, cosa que todos los que hemos sufrido una pérdida semejante sabemos de sobra. Para él, para Soseki su amado gato, es que unos días después escribió en su columna del suplemento cultural de El Mundo este sentido obituario:

Mortal y Tigre

No es fácil escribir con los ojos anegados en lágrimas. No es fácil escribir con dos comprimidos de trankimazín en el cuerpo. No es fácil escribir cuando se está sonado. No es fácil escribir con 72 horas de insoportable dolor a cuestas y sabe Dios cuántas más, o días, o semanas, o meses así, por delante. No es fácil escribir después de asomarse al horror. No es fácil escribir -dicen- después de Auschwitz. No es fácil escribir, en efecto, cuando el sentimiento de culpa nubla la inteligencia y desgarra la conciencia. No es fácil escribir cuando un ser inmensamente amado que te amaba inmensamente muere y tú has sido el instrumento involuntario de esa muerte. No es fácil escribir cuando, para hacerlo, se aprieta la tecla de encendido del ordenador y lo primero que aparece en su pantalla es la imagen de la persona que se ha ido para siempre. No es fácil escribir, en suma, cuando no se tienen ganas de vivir.

¿Exagero? No. ¿Exageraba Umbral en el mejor de sus libros? Mortal, como el suyo, y tigre es mi dolor, porque atigrado, y no rosa, era el ausente cuya presencia ha llenado, uno a uno, todos los instantes de mi vida a lo largo de los dos últimos años. ¿Se puede querer a un animal como a un hijo, como a una madre, como a un padre, como a un amigo? Se puede. Doy fe.

¿'Persona'? Sí, aunque sólo (¿sólo?) fuese un gato, porque persona es todo lo que tiene alma, y Soseki la tenía. Quien lo trató, lo sabe. Era -¿es?- el ser más noble, más bueno, más simpático, más sensible, más inteligente e, incluso, más guapo que he conocido. Parecerá, una vez más, que exagero, pero quien exagera, miente, y yo no estoy mintiendo. Digo mi verdad.

Sus amigos, quienes lo conocieron, comentaban: no es un gato, no hay gatos así, esDragó con su gato Soseki. un ángel encarnado, es vuestro ángel de la guarda, está aquí para protegeros, para enseñaros...

Nos enseñó, en efecto. Nos enseñó a amar. Así de simple, así de claro.

Y yo, sin embargo, en el último instante de su vida, cuando la mano de hielo de la muerte se cernía sobre él, no supe protegerlo, no estuve a la altura de lo que las circunstancias exigían ni de la ciega confianza que había depositado en mí. Le fallé, le fallé, le fallé... ¡Dios! Rasca, cruje, duele, hiere. Nunca me he sentido tan mal.

Sentimiento de culpa, decía. ¿Por qué hice lo que hice? ¿Por qué no hice lo que no hice? ¿Y si hubiera hecho tal cosa? ¿Y si no hubiera hecho tal otra? ¿Y si, y si, y si...?

Lo sé, lo sé. Es el 'fatum'. Es un accidente. Sin volición no hay culpa. ¿Pero no es culpable la negligencia, la distracción, la falta de reflejos? No me absuelvo, no me perdono. ¿Qué penitencia debo cumplir para que Soseki me perdone y me absuelvan las personas a las que se lo arrebaté?

Naoko, sin ir más lejos. Era su bebé, quiere que tengamos otro -humano, hijo nuestro- y creía que Soseki lo vería nacer, se metería en su cuna, vigilaría su sueño, jugaría con él y estaría, hasta mi muerte, con nosotros.

Mi conciencia no puede soportar cuatro dolores simultáneos: el de ella, el mío, el de Soseki -dos minutos de espantosa agonía y un futuro de felicidad segado de repente en plena juventud (¡qué injusticia, Dios mío, qué injusticia!)- y el del remordimiento. ¿Injustificado éste? Supongo que sí, pero esa conjetura, razonable, no me sirve de consuelo. El corazón tiene razones que la razón no conoce.

Suelo citar a santa Teresa: "No importa nada; y si importa, ¿qué pasa?; y si pasa, ¿qué importa?"

Pues me trago la cita y, con ella, la doctrina del desapego de Buda y la ataraxia de los estoicos. Lo de Soseki, me importa. ¡Vaya si lo hace! Estoy deshecho. Juro por Dios, y por Buda, y por Marco Aurelio, que vivo más su muerte que mi vida.

Yace ahora al pie del olivo de mi jardín. Había nacido en Castilfrío y en Castilfrío reposará su cuerpo. Naoko y yo hemos escarbado su tumba diente a diente, lo hemos depositado boca arriba en ella, le hemos rascado la panza, ofrecida por última vez, mientras nos miraba con los ojos abiertos, apenas vidriados y llenos aún de amor, hemos alzado su patita derecha -de ese modo, levantada y agitada por Naoko, su madre, se despedía siempre de mí cuando yo salía de casa- y hemos recibido de él, después de besarlo, su último adiós. Hizo suyo en el postrer instante el ideal de Roma: murió joven y tuvo un cadáver bonito. Tan bonito como en vida lo había sido no sólo su cuerpo. También sus actos y su alma.

Su tumba está ahora cubierta de nieve. Habría correteado hoy sobre ella, feliz, persiguiendo a sus amigos, los pájaros, y jugando con sus amigas, las hojas, si...

¡Maldito condicional!

En el lugar donde murió -un montacargas- hemos encendido velas y unas varillas de incienso, y hemos puesto un tazón de friskies, un cuenco de agua, unas briznas de la hierba que le gustaba mordisquear y un puñado de los chicles especiales que le dábamos, a veces, como premio de su conducta, siempre intachable. Es lo que, según los budistas japoneses, hay que hacer en tales casos.

Antes de enterrarlo, cuando ya estaba en su pequeña fosa, me arrodillé ante ella y le pedí perdón. Es otro consejo de Buda.

¿Son bobadas? ¡Por favor! No digan eso, no piensen eso. Nunca es bobada lo que dicta el afecto, la misericordia o la esperanza.

¿Afecto? He recibido hoy decenas de llamadas, y no todas eran de parientes y de amigos. Algunas eran de desconocidos. Quizá, entre ellos, había, incluso, algún enemigo. Sería, de ser así, mérito de Soseki. Seguían su alto ejemplo de concordia, de bondad, de pata tendida en gesto de saludo. Estaban sosekados.

Soseki, 'sosiego'. Sosekémonos todos.

¿Esperanza? Sí. También dicen los budistas japoneses que las personas muertas se reencarnan dentro de los 49 días siguientes al de su fallecimiento. Busco un gato que haya nacido o vaya a nacer en ese plazo. Que sea vital y tigre, por favor.

La tumba de SosekiClaro que si Soseki era, como muchos sospechamos, un ángel, lo mismo no se reencarna. Bueno. Me esperará allá arriba, con mi madre, que adoraba los gatos, y con el resto de mis gatos muertos, y en el ínterin seguirá revoloteando por nuestras vidas y nuestra casa como siempre lo hizo desde el día en que motu proprio se subió a mi coche, en Castilfrío, hasta que el viernes 28 de los corrientes, a eso de las tres y media de la tarde, echó pie a tierra y emprendió su vuelo.

Sabía que iba a morir. Su conducta en los días, las horas y los minutos anteriores a su óbito lo demuestra. Se despedía. Nos avisaba. Nos dio más amor que nunca. Naoko y yo, sorprendidos, lo comentábamos sin entender el porqué de esa actitud. Quería avisarnos de que el montacargas maldito es peligroso y, para ello, se inmoló.

Nos ha dejado, además de ese recordatorio, otras muchas cosas en herencia. Procuraremos usarlas bien y rayar siempre a la altura ética y estética de quien nos las legó. Por ejemplo: nunca, antes, habiéndonos querido mucho, nos habíamos querido tanto Naoko y yo. Todas las mañanas y todas las tardes, desde que murió, meditamos los tres juntos y el aire se vuelve amor. No desfalleceremos. Doy mi palabra.

Perdóneme Pedro Jota que convierta hoy esta página de El Mundo en obituario. Perdónenme los lectores el desahogo. Ahogado, en definitiva, murió Soseki. No me gusta convertir el dolor propio en espectáculo, no me gusta desempeñar el papel de plañidera, pero dicen que escribir alivia, cauteriza, tranquiliza, fortalece, cura, es una terapia...

¿Lo es? No estoy seguro. Desde la pantalla del ordenador me mira, joven, ágil, guapo, sereno, noble, cargado de vida y de futuro, y de fe en mí, Soseki, y los ojos vuelven a llenárseme de lágrimas y a naufragar en ellas.

Naufragio, sí. No sé qué hacer, no sé cómo contenerlas. Miro el infinito paisaje nevado de ese mar que es la estepa de Castilla a través de los cristales y descuelgo el teléfono como si me aferrara a un tablón en el océano. Hay en su contestador un mensaje. Me lo ha dejado, mientras escribía este artículo, un viejo amigo, un compañero de colegio y del alma: Luis Martos, autor, por cierto, ¡qué sincronía!, ¡qué empatía!, de un libro, a decir poco extraordinario, que se titula 'En busca del universo invisible'. Léanlo. Lo ha publicado Letra Clara. ¡Y tan clara! Les doy este consejo, quizá extemporáneo, porque sé que Soseki, generoso, amigo de la verdad y amigo de sus amigos (Luis lo era), también lo daría, y me lo inspira. Ni una jornada, me susurra desde el pie de su olivo, árbol de paz, sin una buena acción.

El mensaje dice: "Fernando, piensa una cosa: él ha sido feliz con vosotros, vosotros le habéis hecho feliz y ahora estará para siempre, feliz, con vosotros". Que así sea.

Fuente: elmundo.es

Snif… Pero la vida siguió su curso y Soseki para Sánchez Dragó siguió presente. Y si Lady Diana tuvo más de un libro de su vida, pues Sánchez Dragó también se puso manos a la obra y tiempo después publicó Soseki: Inmortal y Tigre que no es otra cosa que un homenaje en ficción a su gato muerto. Acá un extracto publicado en su web:

Llegó el segundo domingo de septiembre y el pueblo amaneció vacío. Andaba parte del vecindario por los alrededores de la iglesia y el resto dentro de ella, en la que ya no cabía un alfiler, pues la procesión atraía a gentes de todas las Tierras Altas. Era la una de la tarde.

Don Ricardo daría de un momento a otro el pistoletazo de salida y los feligreses cargarían entonces con las parihuelas de la Carrascala, que aguardaba, quietecita y modosa, junto al altar, y la devolverían a su punto de partida. Iría la buena moza, por todos reverenciada, a la sillita de la reina, como quien dice.

El gato, ese día, madrugó poco, porque había estado hasta las tantas cantándole a la luna las cuarenta en compañía de otros juerguistas de su misma especie…

De su misma especie y de otras, Caterina, porque hubo baile en la plaza después de la caldereta y el mocerío se desmadró a los acordes del grupo rockero que Tomás había contratado para que en las fiestas del pueblo por él regido no faltase de nada. Aquello parecía una macrodiscoteca. El estruendo fue de aúpa y nadie pegó ojo, ni los jóvenes, porque no querían, ni quienes ya no lo eran, porque no podían.

El gato se unió a la fiesta, hizo amigos, evitó pisotones moviéndose entre los bailarines con agilidad de pantera de Sumatra y hasta bailó la jota. ¡Qué demonios! —se dijo—.Sólo voy a vivir siete veces y no es cosa de mirar los toros desde la barrera. ¡Viva la Carrascala y el hijo que parió en Belén, venga un trago de agua del pilón, porque a los gatos no nos gusta el vino, y a mover el esqueleto!

Así le dieron las dos, y las tres, y las cuatro de la madrugada, pero los excesos pasan factura incluso a los cachorros de tigre de Kipling que acaban de venir al mundo con energía sobrante para zampárselo en tres bocados.

Eso, Caterina, se llama resaca. Guárdate de ella cuando seas mayorcita y tengas cuerpo de juerga, aunque doy por descontado que no lo harás. Ley es ésa de juventud y de vida.

Llegó, pues, el cachorrillo a la nave hecho puré y un poco avergonzado de su desenfreno, se coló en ella por una de sus ventanas y durmió ocho horas largas como sólo saben dormir los gatos que tienen la conciencia limpia, por más que él, aquel día, no la tuviese del todo.

Estaba ya el sol muy crecido cuando su luz le obligó a abrir los ojos, a desperezarse y a descubrir, al hacerlo, que tenía unas agujetas más propias de un caballo que de un gato. ¡Bien le estaba! Se aseó un poco y salió, tambaleándose, a la calle a ver lo que el segundo día de las fiestas le deparaba, aunque no estuviese él para mucho trote.

¡Atiza! No había nadie. ¡Tanto mozo, y tanta moza de buen ver, unas horas antes y, de repente, aquel vacío! ¿Se habría acabado el mundo?

El cachorro fue casa por casa y maulló en sus puertas. Todo inútil. Hasta los mastines habían desaparecido.

Tenía una sed espantosa. Fue a la plaza, subió al borde de la fuente y bebió hasta que el agua de la pila se le salía por los bigotes. Y en eso, mientras se los relamía, una música lejana llegó a sus oídos. No era como la del grupo rockero. Más bien todo lo contrario. Suave, apacible, armoniosa y, de seguro, pensó el vapuleado cachorro, buena para la resaca. Sería cosa de ir en su busca para escucharla de cerca y poner así algo de alivio en sus músculos, en sus articulaciones y, sobre todo, en su jaqueca.

A dos pasos, en la iglesia, casi pared con pared de una casa grandota, rematada por dos enormes cabezas metálicas, los feligreses cantaban himnos litúrgicos. ¿Sabes lo que es el gregoriano, Caterina? ¿Y la salve? ¿Y los salmos? No. Pues ya lo sabrás.

Regatear viene de gato, y eso es lo que el nuestro hizo para abrirse paso entre las piernas del gentío que aguardaba en la plazuela de la iglesia, entrar en ésta y llegar sin que nadie lo advirtiese hasta el emplazamiento de la Carrascala. No le resultó difícil. Todas y cada una de las personas allí presentes andaban en lo suyo, que si cánticos, que si rezos, que si comuniones, y sus ojos, además, estaban medio cerrados o dirigidos hacia el cielo, no hacia el suelo, que es por donde se movía el gato.

Tampoco el cura, atareadísimo y vestido de una forma muy rara, o eso le pareció al animalillo, podía reparar en éste, que llegó, como digo, en un pispás a los pies de la Carrascala, saltó a la plataforma que la sostenía y se escondió bajo los ropajes de la imagen, cuyo mantón barría, por detrás, las tablas del entarimado y rebasaba su borde.

Era un buen sitio. Se estaba tan ricamente en él, bajo las faldas de mamá, por así decir, pues madre universal es la Virgen, y el gato, que aún echaba de menos a la suya, como todos los cachorros, se ovilló y, en seguida, arrullado por los melosos arpegios de la música celestial que inundaba la iglesia, se durmió como si fuese el Niño Jesús en la cuna de paja del portal de Belén. La resaca seguía haciendo de las suyas.

No duró mucho su sueño. Apenas unos minutos. Cesó la música. El ruido de las sillas y de las suelas de los zapatos, entremezclándose, atronó el recinto. El moisés del gato empezó a moverse, los faldones de la Virgen se mecían, la plataforma se ladeaba, las parihuelas se desplazaban y el durmiente, sobresaltado y convencido de que aquello era un terremoto, un naufragio o un secuestro, se despertó.

Su alarma carecía de fundamento. Todo estaba en orden y transcurría por sus pasos. La misa había concluido, la procesión comenzaba y allá que iba la Virgen, bamboleándose a cuestas de los vecinos más fortachones, camino de la ermita.

El gato, al principio, se asustó un poco, pero, valiente como era, no tardó en atar cabos, recobrar la compostura y llegar a la conclusión de que había sido trasladado por arte de birlibirloque a los columpios existentes en un ensanche cercano a la iglesia que minutos antes lo acogía.

Y, como la hipótesis le pareció más que razonable y sumamente apetecible, no tardó en salir del escondrijo que el refajo de la Virgen le brindaba y en mirar, deslumbrado por el sol del mediodía, a su alrededor.

¡Madre mía, exclamó, y no lo decía por la Carrascala, sino por el asombro! ¡Pero si estaban ya frente al portal de la casa grandota y a la altura de uno de los dos cabezones que la coronaban!

A punto estuvo el gato de utilizar las andas de la Virgen como trampolín para saltar al patio del caserón, en el que vio un olivo, pero se contuvo, pues no habría sido cortés dar esquinazo a la importante señora que se erguía junto a él, de modo que siguió con ella, y con sus fieles, camino de la ermita.

Nadie, al principio, se percató de su presencia, pero al llegar a la plazoleta contigua a la casona, uno de los hijos de los catalanes lo vio y dio el queo.

—¡Mirad, mirad! —gritó, estupefacto, pero encantado, el chaval—. ¡Allí hay un gato!

¡Vaya si lo había! Todos los ojos se volvieron hacia él, que se había sentado, tan tranquilo, sobre sus cuartos traseros, como si aquello fuese un palanquín de esos en los que antiguamente llevaban los criados a los príncipes, y miraba el mundo desde arriba.

Luisa, cuya casa estaba enfrente de la nave donde vivía el animal, y de la que ya hablaremos, fue la primera persona que lo reconoció.

—¡Pero si es el gato de Tomás! —dijo.

Y el alcalde, con un gesto de la cabeza, lo corroboró, aunque ni falta que hacía, pues no había ya en el pueblo vecino que no conociese de sobra al cachorrillo de Tera.

La procesión no se detuvo, porque don Ricardo, que la encabezaba, no lo habría permitido —¡buenos son los curas, Caterina!—, pero quienes figuraban en ella, divertidos y, a la vez, fascinados por la presencia del gato, perdieron la devoción y dejaron de mirar a la que era su protagonista oficial. Los ojos, por más que intentasen impedirlo, se les iban al cachorro, que seguía, impertérrito, a los pies de su protectora.

Seguro que ésta no se enfadó. Al contrario, porque no sólo sonreía, como todos pudieron comprobar, sino que contraía los mofletes y tensaba los músculos de las mandíbulas para no estallar en carcajadas.

San Francisco de Asís también habría sonreído.

A todo esto, los flashes de las cámaras de los periodistas y los móviles de quienes no lo eran, pero querían guardar recuerdo gráfico de aquel prodigio, centelleaban y acribillaban a la Virgen y a su acompañante.

Llegó por fin la procesión a la ermita, saltó el animal al suelo, miró a la Carrascala, se despidió de ella —algunos dirían luego, en las plazas y las tabernas, que lo habían visto arrodillarse, pero exageraban— y, cargado de dignidad y con el rabo enhiesto, emprendió el camino de retorno al pueblo.

El cura nunca lo supo, pero la Virgen, aquel día del mes de septiembre de 2006, obró un milagro. Al gato se le fue la resaca.

Que tengan un buen sáGATO CATurday… y no se olviden que el 20/02 es el Día Internacional del Gato. ¡Ya somos más de 30,000!

Otrosí: Ya que estamos entre gatos y Fernando Sánchez Dragó, he aquí la participación de éste en el programa Cuarto Milenio de la cadena Cuatro, edición del 14/03/2010. El tema fue “Gatos: Animales Mágicos”.


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