miércoles, 23 de febrero de 2011

Cromosoma Y (Argumento)

[Arena Roja]

Esta historia, que acaso algún día escribiré, se me ocurrió al pensar en la forma cómo las mujeres cada vez están más liberadas. Tú lo haz visto de seguro: antes (hablo de nuestras abuelas y bisabuelas) lo común era que se casaran jóvenes y se dedicarán exclusivamente a las tareas del hogar y a la crianza de los hijos… y casi nada más. Su dependencia de los hombres (el padre primero y el marido después) era total. De trabajar y salir adelante solas… poco. ¿Derechos? Casi ninguno. Incluso en el siglo XIX alguien comentó que después del mono era la mujer la que más se asemejaba al hombre, lo cual no fue impedimento para que Victoria diera su nombre a toda una época del Imperio Británico. Pero las reinas son excepciones, porque si hablamos de las mujeres comunes, su horizonte era harto reducido. La religiones antiguas, productos de la sociedad patriarcal, estipulaban todas alguna limitación a la mujer, cuando no alguna mancha. El Génesis en la figura de Eva las hacía poco menos que responsables directas de la pérdida del Jardín del Edén. Mucho de los prejuicios y discriminación de que son objeto así se pueden rastrear hasta épocas tan remotas.

Pero eso es agua que va pasando. Ya sé que el machismo aún está presente en nuestras sociedades de los suburbios occidentales y no digamos el trato que la mujer recibe en Oriente Medio y África… pero ¿no se ve un desarrollo acaso? Más y más mujeres se hacen profesionales y emprendedoras exitosas. Desde que se les concedió el derecho al voto cada vez tenemos más políticas mujeres que llegan a las más altas posiciones de la administración pública. Incluso se han dado casos de mujeres Generales, como Luz Marina Bustos en la policía colombiana. Y a pesar de eso aún sacan tiempo para ser madres. Es increíble.

Pero, ¿y en los años venideros qué? Borges alguna vez escribió que lo único seguro del futuro es que será distinto del presente. Algo creo que ya vemos. Me refiero al inicio de una androginización de nuestras sociedades occidentales. ¿No conocen por ejemplo a los emos, blancos de tantas bromas? Pero también está la progresiva mezcla de los roles antes reservados para un sexo. Ya hay hombres que cuidan a sus hijos mientras las mujeres se van a trabajar. Si te das una vuelta por las obras de construcción también verás algunas mujeres tirando lampa y picota. Sus actitudes han cambiado: chicas hay que muestran un desenfado por el sexo que en épocas más inocentes sólo se veía en los hombres. De otro lado, los metrosexuales son una tendencia que gana espacios mayores en las capitales del Mundo, tanto que muchos ven en ellos al Nuevo Hombre del Siglo XXI, preocupado por la belleza y más conectado con su parte femenina.

El mundo se dirige a algo nuevo… como siempre.

Y entre todo el barullo de fines del siglo XX, en 1997 se anunció que se había por fin conseguido la primera clonación exitosa de un mamífero a partir de una célula adulta. Me refiero a la oveja Dolly, con la cual en teoría se dejaba la puerta abierta al desarrollo de la clonación humana. Creo que no es necesario recordar la gran controversia que este tema generó y genera aún. Sólo quiero subrayar un punto: la clonación implica que los machos ya no serían necesarios para perpetuar la especie. Piénsenlo: lo que se usan son células simples, no espermatozoides. Lo único que aún es indispensable es un óvulo y un útero, ambos femeninos.

Claro, la mayor parte de los países han prohibido la clonación de humanos. Uno podría pensar así que el cromosoma Y aún tendría futuro, pero en el 2008 se anunció la investigación de una nueva técnica para crear células de esperma humano a partir de células madre femeninas. ¿Los hombres tenemos los días contados como en el indispensable comic Y: El Último Hombre?… Quizás, pero la historia que se me ha ocurrido va así:

Las naciones del mundo se enfrascan en una guerra total: armas químicas, biológicas, químicas y otras invenciones infernales arrasan lo mejor de nuestra cultura junto con la mayor parte de la humanidad. Los sobrevivientes que quedan inician así el laborioso proceso de levantarse de las cenizas en medio de las plagas, la hambruna y la desesperación. Cuando ya se estaba avanzando en la recreación de una autoridad mundial y un sistema de intercambios globales, un nuevo virus afecta a la Humanidad provocando una mutación irreversible, un síndrome que se hace patente casi sólo en los bebés varones nacidos después, enfermándolos gravemente al llegar a la adolescencia para matarlos antes de que lleguen a la mayoría de edad. La única solución que se ve es detener la reproducción masculina al volverse un insoportable peso para los sistemas de salud, promoviendo la reproducción a través de técnicas de uso exclusivo de células femeninas como la clonación. Una generación después el Hombre en los territorios de la Federación Terrestre sólo es un recuerdo que vive en los depósitos de esperma y células madre de los institutos de investigación genética que tratan de hallar una cura para la degeneración del cromosoma Y, pero también en el mercado negro que usa a adolescentes varones traídos de regiones aún no asimiladas como mercancía para mujeres pervertidas.

Amanda Rosandía y Felícitas Urre son una pareja de amigas de la infancia que tuvieron como profesora favorita en la Secundaria a uno de estos niños rescatados de las traficantes y que para poder sobrevivir tuvo que ser sometido a una operación para extirparle sus gónadas, además de recibir fuertes dosis de hormonas femeninas. Ahora, ya adultas y casadas entre ellas, cada una a su manera rinde homenaje a su profesor@, muert@ algunos años antes por el virus: Amanda es una policía que trabaja en una unidad especial del Gobierno de la Federación dedicada a rastrear esos grupos de tratantes de chicos; y Felícitas es una catedrática en la Universidad de Nueva Caracas.

Amanda en sus investigaciones a menudo tendrá que internarse en la selva donde tribus de amazonas proliferan al margen de cualquier reconocimiento de una civilización industrial, mientras que Felícitas se enfrenta día a día con la confusión de sus estudiantes en un mundo que parece estancado. La historia será así un recuento de la vida en una sociedad sin hombres, sus pros y sus contras, luces y sombras. También de la lucha por reunir a la humanidad bajo una bandera y un proyecto de futuro de paz y tolerancia, aunque a sabiendas de que toda utopía lleva en sí misma el germen de su decadencia. Acaso somos los hombres el factor que falta.

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