lunes, 23 de abril de 2012

Al libro en su día

[Yoni]

 

¿Tú lees?

Es una pregunta que quizás se haga poco y que incluso podría malinterpretarse. Está bien, casi todos podemos leer y escribir, como el Chavo del Ocho algunos… pero casi todos podemos descifrar las letras y palabras escritas en nuestro idioma, algo que no era muy común hace apenas unos siglos. El punto es si en nuestro día a día leemos algo más que los titulares de los periódicos, los letreros en la combi o las marcas y precios de los productos en el mercado. El punto es si en este día podemos decir que leemos un libro de vez en cuando... Algunos podemos sí, no es que tampoco sea para pavonearse, claro.

El libro es algo más que un montón encuadernado de papel impreso. Eso es sólo una forma física; parafraseando a Juan, el libro es el Verbo hecho celulosa. Lo importante y esencial es eso, el Verbo, y el Sustantivo, y el Adjetivo, y la Conjunción, etc... y lo que representan (significado, significante distinguiría Saussure): pensamientos que aspiran a la Eternidad.

Un libro no nace de la nada, una persona lo creó de su propia mente en horas y horas de trabajo frente al vacío de la hoja en blanco. Escogió palabras, construyó oraciones y las ordenó en párrafos. Si tan sólo hacer una composición en el colegio ya era difícil, prueba a multiplicarlo por cien o mil y verás. ¿Para qué tomarse tanto trabajo? Pueden haber muchas motivaciones: desde el mediocre que sólo quiere dinero, el egocéntrico que ansía reconocimiento, el místico que busca compartir su revelación, el loco que expone su delirio, el honesto académico que suma al Patrimonio de la Humanidad lo aprendido, el humilde artesano que sólo busca darle al trabajador algo ameno para llenar las horas vacías... todos son objetivos legítimos. Si hallarán alguien que se interese en lo han escrito eso es otra cosa.

El lector elige. Borges, el gran Borges, varias veces escribió que se consideraba mejor lector que escritor, y que más que por los libros que ha escrito se enorgullecía por los que había leído. Estoy de acuerdo. ¡Tantos libros que a mí personalmente me han marcado desde la Universidad que fue cuando comencé a leer!: la Ucronía de Charles Renouvier, los diálogos de Platón, el mismo Borges, Carpentier, los cuentos de Chéjov, Harlan Ellison, von Daniken, El Mundo de Sofía de Gaarder, el maestro Cervantes y el maestro Shakespeare por los cuales hoy se celebra el Día del Libro, Isaac Asimov, La Rebelion de Atlas de Rand, etc… La lista seguiría y seguiría. Tú quizás también tienes la tuya, porque eso es ser lector: tener tus libros.

Por ello es justo usar este día para reconocer lo que un libro puede hacer por una persona o nación, las horas que una buena lectura te puede dar, la incertidumbre, la ternura, el terror, la pasión, que transmiten las palabras bien escritas, las germinaciones de ideas transmitidas a las generaciones lejanas en el espacio y/o el tiempo a través de preciados volúmenes y ahora (con la revolución digital) infinitos flujos de bits.

Y es que ahora (asumámoslo) ya el libro físico corre el riesgo de compartir el destino del disco de vinilo y el VHS. Algo inaudito hace unos años pero que las nuevas tecnologías cada vez hacen más cercano con la profusión de cómodos lectores de e-books hasta en los celulares de gama baja y la disponibilidad de una cantidad gigantesca de títulos disponibles para descargar en internet. Ni que decir de ese gran invento que es el Kindle y similares, que acercan la experiencia del libro de papel a un soporte electrónico.

Pero da igual, si los primeros libros fueron hechos en arcilla a punta de punzón... ¿porqué no en unos y ceros? Lo importante –repito- son las palabras en ellos y las ideas que transmiten. De paso serán sacrificados menos árboles. Yo mismo ya llevo leídos varios libros en mi celular; cuesta un poco el acostumbrarse pero tiene varias ventajas, como la facilidad para llevar toda una biblioteca en un viaje, o el encontrar títulos en internet que de otra manera te serían imposibles de hallar. Una Alejandría virtual ha surgido y sólo es el comienzo.

Larga vida al libro.

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