martes, 26 de agosto de 2014

Viejos Amigos (2014): Muchachito chalaco del ayer

[F-Review]


Video realizado y subido por Viejos Amigos. También lo puedes ver acá.

Acabo de ver una película nacional, una nueva ópera prima en nuestra peruana cinematografía avara en segundos filmes… algún día me sentaré a pensar sobre ello. Su director es Fernando Villarán, a quien no hay que confundir con el ex-Ministro de Trabajo de Toledo (como buenos, como si lo recordáramos).

Bueno, la cosa es que este muchacho de 35 años, Villarán, viene de la realización publicitaria, cantera de la cual salen muchos directores jóvenes. Hace unos años un proyecto suyo fue uno de los ganadores en la edición del 2011 del Concurso del CONACINE, y con ese pequeño empujón del fisco pudo empezar la producción de su filme, el cual luego de tres años por fin se estrenó este mes en pantalla: Viejos Amigos.

¿Y de qué va? Tres ancianos amigos chalacos, unidos por su pasión por el Sport Boys y sus aventuras de juventud, interpretados por los experimentados (por no decir veteranos) actores Ricardo Blume, Carlos Gassols y Enrique Victoria, asisten al velorio del cuarto integrante de su grupo, “Kike”, lamentando que su viejo compinche haya muerto sin ir con ellos al partido del equipo de sus amores que se jugaba ese día, y uno de ellos echando la culpa a la viuda que al parecer lo dominaba y lo habría matado del colerón por no dejar que se fuera con ellos. Así, pues, en un arranque roban la urna con las cenizas del finado para llevarlas al partido y luego en una viaje de despedida por los sitios que eran para él más importantes, recorrido que tendría que terminar al amanecer en medio del mar chalaco y al ritmo del vals El Pirata. Música, maestro:


Video subido por pintadita. También lo puedes ver acá.

El Pirata

Yo no quiero una tumba, ni una cruz, ni corona
ni tampoco una lágrima, me aburre oír llorar
ni tampoco me recen, solo pido una cosa:
para el día en que muera que me arrojen al mar.

Los faros de los barcos, me alumbraran cual cirios
las boyas cual campanas se pondrán a doblar,
en la penumbra brava de mi capilla ardiente,
he de sentir salobre todo el llanto del mar.

Así como he vivido al azar, al azar quiero irme
A otras playas, mecido en la hamaca de la mar,
quiero dejar anclado mi corazón, vacío
en un lejano puerto, y muerto aún viajar.

No quiero que me entierren, no quiero estar inmóvil
¡Oh! que angustia tendría, dentro de un ataúd
más que los tiburones, me espantan los gusanos
quiero como un velero irme a la eternidad.

Mis manos en cruz saben, que sean cual dos velas
un barco mi cadáver, que ambule por el mar
no volveré quien sabe a ver aquellos puertos
que en vida vi y donde no pude retornar.

Que si temo a la muerte más que por ella misma,
es por esa parálisis de la inmovilidad
que mis últimos sueños los arrullen las olas
quiero morir tranquilo y sentir la quietud.

Así como he vivido al azar, al azar quiero irme
A otras playas, mecido en la hamaca de la mar,
quiero dejar anclado mi corazón, vacío
en un lejano puerto, y muerto aún viajar.

En un lejano puerto, y muerto aún viajar.

Imposible no incluirla en este post.

Y eso sería todo en cuanto a la trama: tres amigos (cuatro si contamos a las cenizas en la caja de galletas) dando vueltas por lugares representativos del Callao, recordando anécdotas del Sport Boys y de sus mataperradas de chicos, y encontrándose por allí no sólo a la viuda indignada por el “secuestro” de su marido que los perseguirá, sino también a algún conocido y a la guardia nueva del puerto y de la hinchada del Boys. Evidentemente no están para muchos trotes, y su condición e idiosincrasia de octogenarios los lleva a no pocas situaciones incómodas y aventuras en una largo adiós a toda una época.

La recepción del público en su estreno, hay que destacar, no fue mala, arrasando en la taquilla ese fin de semana. No sé en realidad cómo habrá evolucionado después. Supongo que no tan mal (el facebook oficial contabilizaba hasta ayer 215 mil espectadores)… ahora que si hablamos de su calidad. OK, para empezar, destaco las actuaciones de su trío protagónico. Se notan sus décadas en el oficio y es imposible no reconocérselos.

En cuanto a su apartado musical, este está hecho sobretodo de salsas, guarachas y valses criollos, con la incursión hip-hopera de Cartel Callao para el contraste. Esperable la elección de soundtrack, pero no desentona. Después de todo, es una aventura adolescente de octogenarios, como subrayó su director. Su tono es la comedia, pero salpicada de nostalgia, un cantar a la vida, pero también a la decadencia y a la muerte, y eso se llega a entender.

Donde tiene problemas la película es en el resto de sus elementos: el guión no termina de hallar norte y tiene varias clamorosas inconsistencias, las actuaciones de los secundarios en el mejor de los casos llegan a aceptable, el ritmo es disparejo, y así.

En resumen es una película con buenas intenciones, que aunque abusa del recurso fácil de la lisura y el eventual “mariquita” para arrancar risas, logra ser lo suficientemente divertida para justificarse. Sobretodo rescato lo arriesgado de su propuesta y la manera como busca sintonizar y empatizar con el público, a pesar de restringir sus escenarios al Callao y su pasión futbolística al Sport Boys (aunque el Atlético Chalaco también aparezca).

Puede verse, no es dinero desperdiciado.

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